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Salmos para reflexionar. Salmo 1

ACTUALIDAD

 
Lectio  Divina para  reflexionar con los salmos

Salmo 1:

“Dichoso el que se goza en la ley del Señor”


SALMO 1


1 Dichoso el hombre

que no sigue el consejo de los impíos

ni entra por la senda de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los cínicos,

2 sino que su gozo es la ley del Señor,

y medita su ley día y noche.

3 Será como un árbol

plantado junto al borde de la acequia:

da fruto en su sazón,

y no se marchitan sus hojas;

y cuanto emprende tiene buen fin.

4 No así los impíos, no así:

serán paja que arrebata el viento.

5 En el juicio los impíos no se levantarán,

ni los pecadores en la asamblea de los justos.

6 Porque el Señor protege el camino de los justos;

pero el camino de los impíos acaba mal.



Después de la lectura:  Tener el corazón abierto y     disponible para escuchar al Señor.




  • LECTURA EN ECO:


Es una manera  muy sencilla  de asumir lo que fue leído, donde cada uno va repitiendo libre y espontáneamente aquello que más le tocó y que más le gustó de lo que fue leído. La mejor manera es repetir la frase, o versículo más significativo y que el grupo escuche, pero en algunos casos el grupo repite aquello que fue compartido.



  • PREGUNTAS:


Buscan favorecer la comunicación y el compartir en grupo,  Siempre hacemos tres preguntas: Una es de tipo personal. Otra afecta al grupo. La tercera es de compromiso con la vida.

Preguntas

1. Según el salmo cada uno de nosotros puede quedar clasificado así: persona -árbol, persona - paja. Piensa en  algún momento de tu vida en que te has sentido árbol. Y alguno que te has sentido paja.

2. Todo paso por la vida deja huellas. Yo puedo marcar a las personas para e bien o para el mal. Comenta cuándo una persona marca a un grupo o comunidad para el bien y cuándo la marca para el mal.

3. ¿Estoy dispuesto(a) a dar “buena sombra” a tantas personas que viven solas y me necesitan? ¿Cuándo? ¿Cómo?



  • ORACIÓN:


“Dichoso el hombre”

Tú, Señor, me has llamado a la existencia para que sea feliz, plenamente feliz. Mi felicidad es tu preocupación, tu obsesión. Parece que el que yo crezca, el que yo madure y me realice como persona es algo que te interesa a ti más que a mí. Gracias, Señor, porque me empujas, desde dentro, a vivir en plenitud.

 “Su gozo es la ley del Señor”

Tu ley, Señor, es tu voluntad. Por ser tuya yo la amo y la guardo en mi corazón “noche y día”. Es un manjar delicioso para mi boca y un remanso de paz para mi inquieto corazón.

“Será como un árbol plantado al borde de la acequia”

Yo no quiero ser paja que se lleva el viento. No quiero ser una persona superficial, voluble, floja. Quiero ser árbol bien plantado: con hojas verdes, con flores, con frutos sazonados. Quiero dar una buena sombra a tantas personas que se acercan a mí con problemas pidiendo una ayuda, un consejo. Y, sobre todo, quiero dar frutos sazonados de amor concreto  y eficaz a mis hermanos Por eso necesito hundir mis raíces en la acequia de tu amor.

“El Señor protege el camino de los justos”

Tengo la inmensa suerte de no caminar solo. Vienes, Señor, conmigo, como una luz mañanera que, a medida que avanza el día, se va extendiendo hasta abrazarlo todo con su presencia. Yo me siento envuelto en esa luz. Y me siento asombrado por el derroche de ternura que pones a mi alrededor. Yo hoy quiero darte gracias. Necesito darte gracias  como el árbol se las da al aire, al viento y al agua.




Explicación del Salmo 1


Ambientación.

Este salmo es de corte sapiencial. Los libros sapienciales son los últimos que produjo el pueblo de Dios. Luego es lógico que vengan cargados de siglos de experiencia, de vivencia personal y comunitaria. Son como determinados frutos que absorben el calor del verano y que alcanzan el fruto de madurez en otoño. Es como el pórtico de entrada en el salterio.

Meditación-Reflexión.

¿Se puede ser feliz en este mundo?

Este salmo intenta dar respuesta a esta pregunta tan vieja como el hombre. Y la  respuesta va a ser rotundamente afirmativa, aunque condicionada al cumplimiento de la voluntad de Dios.  El salmista recoge la experiencia del pueblo. Éste ha sido un desgraciado siempre que se ha ido detrás de otros dioses y le ha ido muy bien cuando ha sido fiel al Dios de la Alianza.   Dios aparece como el único capaz de dar pleno sentido a nuestras vidas.

Puesta esta bienaventuranza al principio, parece decirnos: si aciertas a entrar por el camino de la oración encontrarás una fuente de felicidad. Es importante vincular a Dios con la felicidad. “Para no ser feliz más vale ser un aborto” (Eclo 6,3)


Los caminos del justo..

El salmista  describe la vida del justo de dos maneras: por vía negativa y positiva.  Por vía negativa en cuanto que “No sigue el consejo de los impíos” Al pie de la letra sería “el que no deja huellas en la arena”, es decir, el que no deja rastro ni huella de mal por donde pasa. “No entra por la senda de los pecadores” Aquí los pecadores son aquellos que “han equivocado el blanco”, aquellos que no han acertado, aquellos cuya vida ha sido un fracaso. “Ni se sienta en la reunión de los cínicos”  Los cínicos son los burlones, los que se ríen de los que tienen fe, los que se burlan de Dios ironizando su interés para con el mundo.  “Dice el necio: No hay Dios” (Sal. 13,1)

“Dios no ve. El Dios de Jacob no se entera” (Sal. 93,7) “¿Es que Dios lo va a saber? ¿Se va a enterar el Altísimo? (Sal. 72,11)


Después pasa a describir la vida del justo de una manera positiva: Su gozo es la Ley del Señor. Aquí no se trata de normas o leyes externas que agobian, sino de una respuesta gozosa a la Alianza ofrecida por Dios. Y Alianza tiene sabor a “esponsales” a “desposorio”. Algo que se fragua en el corazón del que ama. Por eso dice el salmo 37,31:”Lleva en su corazón la ley de su Dios.”  Dice muy bien San Agustín: “Una cosa es estar en la Ley y otra estar bajo la Ley. El que está en la Ley obra según ella; el que está bajo la Ley es empujado a obrar según ella. El que está en la Ley es libre. El que está bajo la Ley es esclavo”.

Rumiar la Palabra.

A veces la Biblia nos habla de una  especie de murmullo suave que acompaña al que lee la Sagrada Escritura. Algo parecido a un “arrullo de  paloma” (Is. 38,14). El verbo meditar en  hebreo  significa literalmente musitar: leer y dialogar consigo mismo sobre las grandes cosas que la Biblia contiene, fijarlas en la mente y en el corazón y experimentar en la vida el sabor y el poder de ellas. Como María que “guardaba todas las palabras  en su corazón” (Lc. 2,51) “Y las ponía en práctica:” Lc.11,27-28)

“Como un manjar para la boca, así es el salmo para el corazón. Sólo se requiere una cosa: que el alma fiel y sensata lo mastique bien con los dientes de su inteligencia, no sea que, por tragarlos enteros, se prive el paladar de su apetecible sabor, más dulce que un panal que destila…

La miel se esconde en la cera y la devoción en la letra. Sin ésta la letra mata, cuando se traga sin el condimento del Espíritu. Si salmodias con la mente, también tú experimentarás lo que dice la escritura: Mi Espíritu es más dulce que la miel (Eclo 24, 20)”. (San Bernardo)

Día y noche. Significa la vida humana. No se trata de una reflexión fatigosa sino algo que constituye su gozo. Toda su vida queda empapada de alegría.(Se admira la paz y el gozo que respiran las personas contemplativas).


Persona-árbol– Persona-paja.

Es bonita y expresiva la imagen que usa el salmista “del árbol que crece al borde de la acequia”. Para un pueblo  acostumbrado a vivir en el desierto….la imagen del árbol frondoso es una imagen paradisíaca que nos transporta  al jardín del Edén .Allí “había árboles hermosos para la vista y buenos para comer…Del Edén salía un río que regaba el huerto y se partía en cuatro brazos” (Gn. 2,9-10).

El hombre plantado junto a la acequia tiene un riego asegurado. “Él río de Dios va siempre lleno de agua” (Sal. 64). No se marchitan sus hojas. Las hojas frondosas son signo de belleza y ofrecen una buena sombra. Son una bendición de Dios esas personas que siempre nos ofrecen una buena acogida y crean un espacio de paz, de serenidad, de ilusión y de esperanza. No se cansan de estar. La fidelidad es algo más que una palabra. Es una actitud vital. Y porque no se cansan de estar, siempre las encuentras y siempre puedes contar con ellas. Nunca te decepcionan. Siempre te animan.

Por otra parte, a veces ocurre que hay árboles bonitos a la vista, de una gran frondosidad, pero no llevan fruto. Jesús maldijo una higuera que sólo tenía hojas. (Mc. 11,12). Aquella higuera era símbolo de una religiosidad farisaica, con muchas obras externas pero sin frutos de amor. Es el símbolo de tantas personas de ritos, de observancias, de cumplimientos, pero que les falta ilusión, empuje, gozo, entusiasmo. No llegan nunca a la sazón. A éstas se les puede aplicar las palabras del profeta:”Esperaba uvas dulces pero coseché agrazones”. (Is. 5,2)

 
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