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ENCUENTROS CON JESUS EN EL EVANGELIO Y AL VIVO

ACTUALIDAD

 
Introducción.

Se trata de presentar aquí un sencillo itinerario que, en este momento de la vida de la Iglesia, pueda servir para llevar a cabo algo que es decisivo, si queremos mantener nuestro ser cristiano en el siglo XXI. Se trata de conseguir que “el encuentro personal con Jesucristo” sea de nuestro máximo interés y ocupe el centro de nuestra atención.

Sólo con mencionar el término “encuentro” estamos tocando fibras sensibles del día a día con cada persona. La urdimbre de nuestra vida está tejida de encuentros con las personas. Cada ser humano debe ser  un regalo  de Dios para cada uno de nosotros y todos somos conscientes de las huellas tan profundas que algunas personas han ido dejando en  muestras vidas.

Algo parecido ocurre en el ámbito de nuestra fe. El encuentro personal con Jesucristo es algo determinante y hoy más que nunca. Benedicto XVI nos decía en su exhortación “Dios es amor”. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea., sino con el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (Deus Charitas est. 217). Y el Papa Francisco comienza su primera exhortación con estas bellas palabras:” La alegría del Evangelio  llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. (E.G. 1) Es evidente que todos nos jugamos mucho en este intento de encontrarnos con Jesús.



Vamos a seguir este esquema:




1.- Buscar a Jesús.


Texto de apoyo: “Escudriñad las Escrituras…Ellas dan testimonio de mí”.(Jn. 5,39)

En todos los relatos de “encuentro” a lo largo de la Biblia, y especialmente en el Evangelio, lo más importante es ir a la búsqueda de Jesús y llegar a conocerlo bien, puesto que “en  Él están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2,3),  no para permanecer ignorados, sino para que sean buscados y encontrados. Sólo de esa manera, con tal disposición,  nos será posible captar sus actitudes profundas y descubriremos mejor el sentido que puede alcanzar nuestra propia vida.



2.- Contrastar nuestra vida con el Evangelio.


Texto de apoyo:“Al que te pide la túnica, dale también el manto” (Mt. 5,40).

A la Palabra de Dios hay que ir desnudo de prejuicios y de esquemas predeterminados; no sirven los meros razonamientos humanos. Hay que llegar con verdadera inquietud y con muchas preguntas abiertas; no conduce a nada ir ya con respuestas prefabricadas. Jesús es el espejo en el que tenemos que mirarnos. Por eso mismo, lo que importa es contrastar nuestra vida con la suya. 

Y cuando lo hacemos así, aparece claramente la llamada a superar todo tipo de tacañería o mezquindad. “Al que te pide la túnica, dale también el manto” (Mt 5,40) Cuando nos dejamos cuestionar por Jesús, surgen en nosotros nuevas luces, nuevas disposiciones que nos hacen salir de la rutina, y nos empujan a ir más allá de “lo que siempre se ha hecho”. Es evidente que en este segundo paso, hay todo un conjunto de preguntas que pueden servirnos para descubrir otras perspectivas: ¿Qué me dice esta escena del encuentro de Jesús con tal o tales personas?  ¿Qué sentimientos, qué reacciones y que comportamientos me llaman la atención? ¿Cómo se relaciona todo ello con mi persona, con mi propia vida?



3.- Compromiso.


Texto de apoyo: “Haced lo que Él os diga”. (Jn. 2,5)

En el paso anterior es posible que hayamos llegado a preguntar como Pablo en el camino de Damasco: “Señor, qué quieres que haga” (Hch 9,6). En tal caso, lo normal será que nos preparemos para acoger alguna respuesta. Unas palabras de María en las bodas de Caná, nos dan la clave: “Haced lo que os diga” (Jn. 2,5). 

Corremos siempre el riesgo de quedarnos en sublimes pensamientos y bellas teorías, pero sin aterrizar en el mundo concreto que nos rodea. Esta visión que algunos pudieran tildar de novedosa, ya está magistralmente definida por Jesús: “No el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos…” (cfr. Jn 14, 15-21) Sin querer poner en práctica lo que Jesús nos dice, “estaremos toda la vida edificando sobre  la arena” (Mt. 7, 26)



4.- Mirar sólo a Jesús.


Texto de apoyo:“Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo” (Mt. 17,8)

Ese fue el resultado final de la experiencia que tuvieron los discípulos en la Transfiguración. Habían acompañado a Jesús hasta la cima de aquel monte. Allá llegaron con sus limitaciones, con sus puntos de vista, sus aspiraciones  y  proyectos. Vivieron una experiencia excepcional, pero finalmente “al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo” (Mt 17,8)  No estaban los personajes famosos del A. Testamento; no había sofás para aposentarse ni unas elementales tiendas. ¡Solamente vieron a Jesús! Siempre que nos adentramos en los evangelios para hacer la experiencia del encuentro personal con Jesús, deberíamos buscar, por encima de todo, salir cautivados por Él, fascinados por su persona.



5.- Oración.


Al concluir esta experiencia de encuentro personal con Jesucristo es normal que surja una reacción exultante y gozosa, muy parecida a la  que se adivina en  Andrés cuando ve a su hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1, 40-42), o semejante a la que expresa María Magdalena después de haberse encontrado con Jesús resucitado: “He visto al Señor” (Jn 20,18). No es difícil imaginar la alegría y el sentimiento de inmensa gratitud que invadió el corazón del afortunado discípulo y de la Magdalena. 

Pero,  aunque todo lo anterior esté muy claro y sea muy hermoso, una y otra vez habremos de reconocer que “sin Él no podemos hacer nada” (cfr. Jn 15,5). De ahí que en este último paso sea muy conveniente terminar haciendo una súplica plenamente  consciente, reposada e insistente, pidiendo que Él nos ayude y nos conceda su Espíritu, puesto que “nadie puede decir  ‘Jesús es Señor’, si no está movido por el Espíritu Santo” (1 Cor 12,3)

Todo puede ser muy hermoso y estar muy claro, pero sabemos que “sin Él no podemos hacer nada”. ( Jn. 15,5). Por eso terminamos con una oración personal pidiendo que nos ayude.




Primer encuentro al vivo con Jesús: Juan 1,35-39

Al día siguiente, de nuevo estaba presente Juan con dos de sus discípulos y, fijando la vista en Jesús que caminaba, dijo: Mirad el Cordero de Dios. Al escuchar sus palabras, los dos discípulos siguieron a Jesús.  Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Le contestaron: Rabbí (que equivale a «Maestro»), ¿dónde vives? Les dijo: Venid y lo veréis. Llegaron, vieron dónde vivía y aquel mismo día se quedaron a vivir con él; era alrededor de la hora décima.



1.- Buscar a Jesús.


Los discípulos de Juan, tal vez impulsados por el mismo Maestro, van en busca de Jesús. Y el mismo Jesús, volviéndose hacia ellos, les pregunta; ¿Qué buscáis?. Jesús con dos palabras nos descubre lo que hay en el corazón de cada uno de nosotros: búsqueda, ansiedad, inquietud, preocupación.

¿Qué buscáis? Es la pregunta que hoy nos hace a nosotros. ¿Qué andas buscando en la vida? A las preguntas superficiales Jesús no responde. Sí a las de profundidad. ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Me llena la vida que estoy llevando?



2.- Contrastar mi vida con el Evangelio.


Maestro ¿Dónde vives?

La pregunta "¿Dónde vives?" aclara la situación; porque no significa el lugar o la casa donde habita Jesús, sino la actitud vital de éste. ¿En qué marco vital te desenvuelves? Porque nosotros queremos entrar en ese ámbito. Jesús está en otro mundo, en otra esfera.

Tampoco le preguntan por su doctrina sino por su vida. No responde con un discurso, sino con una invitación a la experiencia. A esa pregunta no se puede responder con una dirección de correos. Hay que experimentar lo que Jesús es.

¿Dónde moras? Es la pregunta fundamental que todo cristiano debía de hacerse. Es la que debo hacerme yo.  Nunca será suficiente la respuesta que otro haya dado a través de los veinte siglos de cristianismo. Jesús es algo único e irrepetible para mí, porque le tengo que ver desde una perspectiva única e irrepetible, la mía. La respuesta dependerá de lo que busque en Jesús.

Preguntas:

a) ¿De verdad que me llena la vida que estoy llevando? ¿De verdad que no me importa seguir viviendo siempre así?

b) ¿Qué estás echando en falta para sentirte mejor, para realizarte más plenamente como persona?



3.- Compromiso

“Venid y veréis”.  Jesús aparece aquí como la respuesta a todas nuestras preguntas; como la solución a todos nuestros problemas; como la plenitud a todos nuestros vacíos.

El texto no nos dice qué vieron, que hablaron, que sintieron. Pero sí nos dice que, a medida que avanzaba la tarde y el sol se iba ocultando entre las montañas de Judea, cada vez se les hacía más difícil arrancarse de aquella persona. ¡Y se quedaron con él!

"Serían las cuatro de la tarde", no es una referencia cronológica, no tendría la menor importancia. Se trata de la hora en que terminaba un día y comenzaba otro. Es la hora en que se mataba el cordero pascual y la hora de la muerte de Jesús. Nos está diciendo que algo está a punto de terminar y algo muy importante está a punto de comenzar. Se pone en marcha la nueva comunidad, el nuevo pueblo de Dios que permite la realización cabal del hombre. Son modelo del itinerario que debe seguir todo discípulo de Jesús.

El que escribe el evangelio es un ancianito de cien años, pero no se le ha olvidado aquella hora que ha dado sentido a todas las horas de su vida. Él todavía recuerda con emoción el timbre de su voz, el encanto de sus ojos, la serenidad de su rostro, la presión de su mano, el latido de su corazón  y el estremecimiento de su ser cuando pronuncia su nombre. El que escribe el evangelio es Juan, el discípulo amado, y escribe su evangelio con ojos de enamorado.

Esta experiencia de Juan debo yo hacerla mía hoy. No puedo seguir siendo cristiano sin un encuentro con Jesús, sin una pasión por Jesús. Lo que cambia a una persona es siempre otra persona. Y a mí el que me tiene que cambiar es la persona de Jesús. 



4.- Mirar solo a Jesús

¿Qué vieron aquellos primeros discípulos? Estaban en el desierto. Jesús no tenía nada: ni fama, ni casa,  ni dinero. Sólo su persona. ¡Nada más! Y ¡Nada menos!.

Siguieron a Jesús" indica mucho más que ir detrás de él, como hace un perro siguiendo a su dueño. "Seguirle" es un término técnico en el evangelio de Juan. Significa el seguimiento de un discípulo, que va tras las huellas de su maestro, es decir, que quiere vivir como él vive. "Quiero que también ellos... estén conmigo donde estoy yo" (17,24). Es la manera de vivir de Jesús lo que les interesa y es eso lo que él les invita a descubrir.

Algunos ya  vamos siendo mayores. Muchos años, muchos días, muchas horas tenemos ya acumuladas en nuestra historia. Pero hay una hora que destaca por encima de todas: aquella hora que tuvimos la suerte de encontrarnos vitalmente con Jesús de Nazaret. El que ha vivido con intensidad “esa hora” no tiene por qué tener miedo a ninguna hora, ni siquiera a la última. “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque Tú vas conmigo. Tu vara y tu cayado me sosiegan” (Salmo 23)



Oración.


¿Qué buscáis?

Jesús, Tú no sólo me preguntas qué busco sino que me invitas a buscar. Porque “El que busca encuentra”.  (Mt. 7,8) Y ¿qué otra cosa puedo buscar mejor sino buscarte a Ti? Pero yo sé que no puedo buscarte de cualquier manera: desde la apatía, la indiferencia,el olvido, el desinterés. Debo buscarte “como busca la cierva corrientes de agua”. Una cierva, con sus crías, atormentada por la sed y no encuentra el agua. Para ella beber es vivir y dejar de beber es morir. De momento, ni siquiera te pido que me des el agua sino que me hagas sentir la sed. Una sed vital,  angustiosa, visceral por el agua, que eres Tú para mí.

Venid y ved.

¡Rara invitación! En este mundo los amigos nos invitan a ver su casa, a ver su huerto,  a ver el nuevo modelo de coche…Y Tú, ¿a qué nos invitas? Porque Tú no tienes casa, ni dinero, ni propiedades…Vas camino del desierto donde no hay nada.  Y, sin embargo, tienes la osadía de invitarnos. ¿A qué? A estar contigo,  a ver tu rostro, a oir tu voz en medio del silencio y de la soledad, a gozar de  tu cercanía, a disfrutar de tu dulce y gratificante presencia.

Y se quedaron con Él

Lo cierto es que se quedaron contigo. Algo inefable y misterioso debió pasar en ese encuentro cuando ya nunca aquellos primeros discípulos olvidarían “esa hora”. Me pregunto: ¿Y si yo hoy decidiera quedarme contigo? ¿Qué pasaría en mi vida? La verdad es que cada día me voy llenando de cosas superfluas, de caprichos, de gustos personales que me dejan el corazón “vacío”. Señor, ¿Por qué no me ayudas a ser valiente, a ser decidido,  a soltar mis ataduras, a fiarme de ti y probar fortuna? Porque yo sé que siempre me esperas, que nunca te cansas de llamarme, que siempre respetas mi libertad, que me sigues queriendo a pesar de todo.

Señor, te confieso que sigue resonando dentro de mí, como una dulce melodía, las palabras del evangelio:”Y se quedaron con Él” Lo que ellos hicieron hace dos mil años, ¿por qué no lo puedo hacer yo hoy? Porque yo sé que, desde toda la eternidad, tú has estado esperando esta hora, la que puede ser  la hora más bonita de mi vida, la que puede dar sentido a todas las demás horas de mi existencia.

 
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