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Lectio Diaria. Viernes, 30 de diciembre de 2016

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Lectio Divina. Viernes. 30-XII-2016

Lucas 2, 36-40: La profetisa Ana. Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza.



1.- Ambientación

Jesús, envía al Espíritu Santo para que guíe esta oración. Que sepa guardar ese silencio que me permita poder escuchar lo que hoy me quieres decir, para que así, hoy, pueda ser en mi familia apóstol de tu amor.

2.- Lectura reposada de la Palabra: Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño, se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.


3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-ReflexiónEn una familia hay que contar con tres amores: Amor entre los esposos, amor con los hijos y amor con los abuelos.

Amor entre esposos. Es lo primero. Y los esposos cristianos deben ir al matrimonio equipados de las características que el apóstol Pablo  describe en 1 Cor. 13, 4-7) “Lo que no es el amor: “No es envidioso, no presume, no se engríe, no es egoísta, no lleva cuentas del mal. Lo que es el amor: es paciente, es benigno. Y los todos del amor: Todo lo escusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. (I Cor. 13, 4-7)El hogar está vivo cuando los padres saben quererse, apoyarse mutuamente, compartir penas y alegrías, perdonarse, dialogar y confiar el uno en el otro.

Amor de padres e hijos. Relación entre padres e hijos. Por distintos que sean, por mucho que se distancien en su manera de pensar, los padres nunca dan a los hijos por perdidos. Y siempre mantienen con ellos una especie de “cordón umbilical afectivo”. En algún momento de la vida, tal vez cuando ellos llegan a ser padres, caen en la cuenta de cómo eran sus padres.

Atención a los abuelos, los más frágiles. Se dice que los hijos no obedecen sino que imitan. Es de esperar que el mismo trato que los esposos  han dado a los abuelos, ellos también esperen que se los den sus hijos a ellos cuando sean mayores.

Y, como cristianos, es muy importante la fe. Es muy conveniente el conocer el estilo de vida de Jesús. Es muy conveniente el rezar juntos en casa.

Palabra autorizada del Papa Francisco

Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino.» (Papa Francisco, 2 de febrero de 2014)

4.-Qué me dice hoy a mí esta palabra. Guardo silencio.

5.-Propósito

Al presentarse un conflicto, seré el primero en ofrecer una disculpa o proponer una solución para construir la unidad, en mi casa o lugar de trabajo.

6.- Dios me ha hablado a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero darte gracias por haber nacido y vivido dentro de una familia cristiana. Gracias por haber tenido una madre que, al mismo tiempo que me enseñaba a andar y me daba de comer me enseñó también a rezar. Gracias por las virtudes de honradez, trabajo, sacrificio y amor desinteresado que siempre me dio mi padre.

 
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