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Domingo II del Tiempo Ordinario

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EVANGELIO (Jn 1, 29-34)

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ése es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.» 

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.




DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO.


Este Domingo nos habla del Bautismo en el Espíritu. Y lo hace a través de tres imágenes: El Cordero, La Paloma y el Fuego.



1.– EL CORDERO. Muchas veces hemos entendido esta imagen del Cordero en sentido exclusivamente  expiatorio, como si Dios Padre exigiera la sangre de su Hijo para pagar la deuda del pecado. Estaríamos ante la idea de un Dios externo, soberano y justiciero que se porta con Jesús y con nosotros como un tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba que Jesús vivió.  Debemos interpretarlo como el cordero pascual, que era para el judaísmo el signo de la liberación de Egipto. Se trataba de un recuerdo de la liberación de la esclavitud. Se mataba un cordero para comerlo y celebrar un acontecimiento. Quiere decir que por Cristo somos liberados de toda opresión. Y nada nos oprime y esclaviza tanto como el pecado.



2.- LA PALOMA. La paloma, que había sido testigo de la muerte y de la destrucción en el diluvio, apareció después como anunciadora de nueva vida. Frente a lo muerto, lo petrificado o lo insensible, el Espíritu despierta siempre el amor a la vida. Por eso, vivir «espiritualmente» es «vivir contra la muerte», afirmar la vida a pesar de la debilidad, el miedo, la enfermedad o la culpa. Quien vive abierto al Espíritu de Dios vibra con todo lo que hace crecer la vida y se rebela contra lo que hace daño y la mata.  El Espíritu Santo es considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso, dejamos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él y con los demás. Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana. El Espíritu nos lleva a vivir una vida en plenitud. No podemos pasar por este mundo con una  vida a medio hacer o a medio llenar. Una vida así es vida frustrante, decepcionante, vacía.



3.- EL FUEGO. Los discípulos experimentaron al Espíritu Santo como “fuego”. Un fuego que, como a los discípulos de Emaús, les hacía arder por dentro. Eran alegres, entusiastas, fervorosos. Este fuego nos hace falta hoy en la Iglesia. Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”


PREGUNTAS


1.- ¿Me siento libre por dentro? ¿De qué ataduras me quisiera liberar?  ¿Qué medios voy a emplear?


2.- ¿He descubierto la alegría de la fe? ¿Le creo a Jesucristo capaz de hacerme a mi plenamente feliz?


3.– Si Dios es fuego, ¿Por qué mantenga con él unas relaciones tan frías? ¿Por qué las personas me importan tan poco?




SEMILLA DE TU ESPÍRITU

Hay un  mundo dentro de mí

no visto, no conocido, no oído,

y nadie puede poseerlo

ni de pensamiento, ni de palabra ni de obra.

No ondea bandera alguna sobre él,

ni mapas. ni planos ni leyes;

y nadie es capaz de entrar allá dentro,

ni con espadas, ni con dientes, ni con armas,

ni con argucias o mentiras de otro tipo.

Dentro de mí hay una libertad

clara, intacta, sin mancha,

una libertad que nadie puede violar

-ni ley ni victoria, ni fracaso-

porque es la semilla de tu Espíritu

que Tú pusiste en mí al hacerme hijo.



(F. Ulibarri)

 
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