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Lectio Diaria. Jueves, 9 de marzo de 2017

ACTUALIDAD

 
1.- Introducción.

Me acerco, Señor, a ti y me sorprende la cantidad de veces que insistes en el tema de la oración. Para ti debió de ser algo muy importante en tu vida terrena. Acudías constantemente al Padre porque tenías necesidad de hablar con Él, estar con Él, quedar empapado de su ternura para darla, después, a los demás. Haz, Señor, que yo no acuda a la oración por normas, leyes u obligaciones. Haz que en mí la oración sea una necesidad vital.


2.- Lectura reposada del Evangelio.  Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo dijo Jesús: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.



3.- Qué dice el texto.


Meditación-reflexión.

            El Señor nos empuja a orar. No se limita a hablar de la oración sino que nos invita a orar con tres verbos conocidos: Pedir, buscar, llamar. Pedid. Y ¿cómo debemos pedir? El mismo Jesús nos lo enseña a través de la parábola del fariseo y el publicano. No estamos en condiciones de pedir nada a Dios por el camino de la soberbia: “gracias, Señor, porque no soy como los demás” ¿Habrase oído oración más estúpida? ¿Acaso puede haber en la vida algo más hermoso que ser “como” los demás? Aquí no caben ni complejos de superioridad –nadie es más que nadie- ni de inferioridad –nadie es menos que nadie. Buscad. No de una manera fría, cansada, aburrida, sino “como busca la cierva” atormentada por la sed y con sus crías a punto de morir. Morirse de sed es morirse por falta de agua. Y esa agua es Dios para mí. Llamad.  ¿A qué puertas debo llamar? A las puertas de Aquel que, antes de llamar yo, Él ya se me ha adelantado:“Estoy a la puerta y llamo”. Si le abro él entrará a mi casa, se sentará en mi mesa, y cenará conmigo (Apoc. 3,20). Llamo a la puerta del mismo Dios que, si le dejo entrar, me ofrece su cercanía, su amor, su intimidad.


Palabra del Papa

Esta oración recoge y expresa también las necesidades humanas materiales y espirituales: Danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados» (Lc 11, 3-4). Y precisamente a causa de las necesidades y de las dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: Yo os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá (Lc 11, 9-10). Lo experimentaron los antiguos «padres del desierto» y los contemplativos de todos los tiempos, que llegaron a ser, por razón de la oración, amigos de Dios, como Abraham, que imploró al Señor librar a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (cf. Gen 18, 23-32)(Benedicto XVI, Ángelus, 25 de julio de 2010).


4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)


5.- Propósito. En mi oración de hoy habrá: petición, búsqueda y llamada.


6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque hoy me has enseñado a orar como conviene. Con la humildad que supone el sentirse pequeño y pecador. Con la angustia que tiene aquel que percibe que se le va la vida. Con la confianza que le da ese Dios maravilloso que antes de llamar a su puerta, Él ya ha ido antes a llamar a la nuestra. Gracias por tanto amor.

 
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