INICIO   ·       
DIÓCESIS   ·       
SR. OBISPO   ·       
CATEDRAL   ·       
DELEGACIONES   ·       
GUÍA DIOCESANA   ·       
HOJA DIOCESANA   ·       
GALERÍA   ·       
ENLACES   ·       
CONTACTAR   ·       

 
   
   

ACTUALIDAD

Santo Padre
Plan Diocesano de Pastoral
Iglesia en Aragon
Caritas Diocesana de Tarazona
Año de la Misericordia


 

- Síguenos en las redes sociales -

Facebook Twitter Flickr Ivoox Youtube Issuu

 
Salmos para reflexionar. Salmo 103

ACTUALIDAD

 
SALMO 1


1 Bendice, alma mía, al Señor y todo mi ser a tu santo nombre

2 Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

3 Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;

4 él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura;

5 él sacia de bienes tus anhelos, y como un águila se renueva tu juventud.

6 El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;

7 enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

8 El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;

9  no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo.

10 No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas;

11 como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad  sobre sus fieles;

12 como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos;

13 como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles;

14 porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.

15 Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo,

16 que el viento la roza, y ya no existe, no volverá a verla…. Pero la misericordia de Dios dura para siempre.

17 Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a nietos:

18 para los que guardan la  alianza y recitan y cumplen sus mandatos.

19  El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo.

20  Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.

21 Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.

22. Bendecid al Señor todas sus obras, en todo lugar de su imperio.  ¡ Bendice, alma mía, al Señor!.



Después de la lectura: Tener el corazón abierto y disponible para escuchar al Señor.




  • LECTURA EN ECO:


Es una manera  muy sencilla  de asumir lo que fue leído, donde cada uno va repitiendo libre y espontáneamente aquello que más le tocó y que más le gustó de lo que fue leído. La mejor manera es repetir la frase, o versículo más significativo y que el grupo escuche, pero en algunos casos el grupo repite aquello que fue compartido.



  • PREGUNTAS:


Buscan favorecer la comunicación y el compartir en grupo,  Siempre hacemos tres preguntas: Una es de tipo personal. Otra afecta al grupo. La tercera es de compromiso con la vida.

Preguntas

1.– En la práctica, ¿estoy convencido de que Dios me ama? ¿En qué se manifiesta?

2.– En mi familia o grupo cristiano al que pertenezco, ¿Vivo en un clima de paz, de alegría, de ilusión, bajo la mirada cercana y cariñosa de Dios, mi Padre?

3.– En este mundo hay mucha gente triste, sola, alejada de Dios. ¿Qué puedo hacer  para que caigan en la cuenta que Dios está cerca de ellos y les ama?



  • ORACIÓN:


“Él te colma, de gracia y de ternura”

Señor, lo tuyo no es llenar sino colmar. No te limitas a darnos lo justo, lo estipulado. Te gusta inundar, rebasar, desbordar. Sobre todo, cuando se trata del amor, te encanta el derroche, el despilfarro, la sin medida. Nosotros medimos, pesamos, calcularnos el amor que tenemos que darte a ti y a los hermanos; pero tú lo entregas del todo, sin reservarte nada. Señor, puesto que eres tan generoso, llénanos de tu gracia,  de tu fortaleza, de tu paz, pero, sobre todo, llénanos de tu amor y tu ternura.

Conoce nuestra masa, se acuerda que somos de barro

Estas palabras, Señor, son demasiado bellas para que no sean tuyas. Cada día fallamos, cada día pecamos, cada día caemos; pero nos da plena confianza el saber que tú conoces el barro del cual estamos hechos. Nuestra fragilidad ha pasado por tus manos. Tú nos comprendes, nos perdonas y nos excusas. Nuestros pecados son fruto de nuestra fragilidad, más que de nuestra malicia. Señor, si nos caemos y nos rompemos ayúdanos a levantarnos y rehacernos. Tú eres el mejor alfarero, aunque nosotros seamos un cacharro.

Como un Águila se remueva tu 'juventud

El águila busca la altura con sus grandes alas. Allí respira el aire limpio de la montaña. Nosotros, los de aquí abajo, respiramos aire contaminado. Y necesitamos subir a la altura, a la montaña de Dios, para respirar el aire puro del Espíritu. Este  aire renueva nuestra mente y nos acerca cada vez más a Dios, el eternamente joven. Muchas veces, Señor, vivimos a ras de tierra, en un vuelo      horizontal. Nos dejamos llevar por la medianía, la vulgaridad, la mediocridad. Somos uno más, uno del montón. Danos la fuerza de tu Espíritu para alcanzar el vuelo vertical y así tener aspiraciones más altas, compromisos más serios. Hazque podamos sintonizar con las exigencias de tu evangelio.




Explicación del Salmo 103


Introducción.

Por su estilo literario y por la altura de su concepto sobre Dios, el salmo 103 es una auténtica joya. “Uno de los más bellos poemas del salterio tanto por lo elevado de sus ideas y delicadeza de sentimientos como por la nobleza y elegancia de la expresión” (J. Calés)

El salmista, tal vez curado de una enfermedad que él juzga consecuencia del pecado, ve en esta curación acompañada del perdón, una experiencia privilegiada del amor de Yavé.

El salmo es un himno de acción de gracias por la bondad y la misericordia de Dios en todo momento. El salmista no da gracias a Dios por su poder en la creación sino por el amor derramado sobre las criaturas y, en especial, sobre el ser humano a pesar de su debilidad, o mejor, precisamente por esa debilidad.

Más que una meditación reflexiva es una contemplación admirativa del proceder de Dios. Un Dios que, siendo inmenso y eterno, ama infinitamente a una criatura como el hombre “hecho de barro” y cuya existencia dura “lo que la hierba del campo”. Este misterio de amor quiere cantar el poeta, este amor loco de Dios ocupa el centro de atención del salmista. Brillet lo expresa muy bellamente cuando dice: “El amor corre a través de todo el poema como la sangre bajo la piel”.

Fecha de composición. Este salmo toma sus más hermosas sentencias de los discursos proféticos. (Gunkel). Precisamente por esa dependencia de las fuentes proféticas y por su semejanza al vocabulario de la época postexílica, habrá que poner la fecha de composición inmediatamente después del exilio (En el 538 se da el edipto de Ciro).

Estructura.



  1. Invitación a la alabanza (1-2).

  2. Cuerpo del salmo: El amor de Dios abarcándolo todo (3-19).

  3. Conclusión de carácter celebrativo. Termina en el v. 27 repitiendo las mismas palabras del comienzo pero con nuevo contenido.


Desarrollo:

V. 1 “Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo        nombre”.

El salmista comienza con un requerimiento, con una sacudida, con una fuerte llamada de atención ¿quién? No a nadie que está fuera de él, sino a su propia alma “como condensación de todos los recursos vitales del hombre”. Llamada al interior, a lo profundo del ser, a su propio corazón como principio y fuente de sus sentimientos para arrancarle, de lo más íntimo, una acción de gracias.

Este vocativo intenta despertar y poner en pie y en vilo a toda la persona para que no haya ni una molécula, ni un átomo del ser ajeno a la alabanza.

Y todo mi ser. El piadoso israelita recita todos los días el SEMÁ descrito en Dt. 6,4-9. “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas”…Sólo se puede alabar a Dios con todo el ser cuando “todo el ser” es de Dios. La alabanza sólo es total cuando todo nuestro ser está penetrado por el amor

La oración de alabanza sólo recoge lo que está vivo…Por eso Dios no acepta la sola alabanza de los labios cuando el corazón está ausente. (Mt. 15,8) En la alabanza tienen que sonar todas las cuerdas de la guitarra. Cuando solo cantamos con las cuerdas bucales emitimos sonidos pero éstos se pierden en el espacio y no llegan a Dios. Cuando cantamos con el corazón, la alabanza no cesa en nosotros. “A ratos cantamos y a ratos callamos. ¿Debe tu interior callarse sin alabar a Dios? Suene a ratos alternos la voz, suene siempre la voz de tu interior (San Agustín)

V.2 “Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios”

El verbo “bendecir” connota dos movimientos: uno “descendente” cuando es Dios quien bendice al hombre y le colma de beneficios. Y otro “ascendente” cuando, en respuesta a esos beneficios, el hombre bendice, alaba, agradece a Dios .Estos dos movimientos del alma no son extraños el uno a otro sino complementarios.  Y éste es el caso de nuestro salmo.

Bendiciendo a Dios, el hombre da a su Creador toda la alegría que le causa la bendición recibida. Y esto hace que se mantenga siempre vivo y presente el recuerdo de los beneficios.

Israel es un pueblo que ha recibido de Dios el mandato de “no olvidar”. No debe olvidar al Dios “que lo sacó de Egipto y le abrió el camino de la libertad” (Dt. 6,12).  Ni debe olvidar al Dios “que pasó delante de sus ojos colmándole de beneficios” (Dt. 4,9).Este recuerdo no debe conservarse simplemente en la memoria como en el archivo de un frío ordenador. Debe guardarlo en el corazón donde el recuerdo es avivado constantemente por la llama del amor. San Agustín lo dirá con una de sus frases lapidarias:” Si oblivisceristacebis”. Si te olvidas de los beneficios de Dios, callas y cesa la alabanza. Pero si alabas es que está viva en ti la alabanza.

Ahora el salmista pasa a describir en distintos planos la obra de la bondad y misericordia de Dios.

V. 3 “El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades”.

El salmista arranca de una experiencia personal. El pecado le había golpeado, le había hecho enfermar y le había puesto al borde de la muerte Pero Dios, lejos de castigarle, ha convertido esa situación en “ocasión” para manifestar más elocuentemente su amor. Es lo que se expresa en los verbos que usa en una cadena ascendente: perdona, cura, rescata, colma, sacia y renueva.

Perdona, Perdona todo. Nosotros hacemos distinciones entre ofensas graves y leves; pecados mortales y veniales. Como si sólo estuviéramos dispuestos a perdonar las pequeñas ofensas que nos hacemos, como diciendo: hasta ahí aún llego; pero no las grandes. Dios perdona todo. Y perdona siempre.


Cura. ¿De qué nos cura? Cuando nosotros perdonamos lo hacemos de tal manera que siempre nos quedan heridas, cicatrices. Las cosas ya no quedan como antes. Perdonamos pero no olvidamos. Ya no tenemos la confianza de antes. Se ha roto el cristal de la intimidad y eso ya no se puede recomponer. Dios, en cambio, cura las heridas y cicatrices del pecado. La razón es porque cuando perdona “crea en nosotros un corazón nuevo”. Es como si acabara de hacernos de nuevo. Nuestra vida vieja de pecado ha quedado totalmente destruida. Ya no existe para él. Por eso hace en nosotros una sanación total y radical, desde las raíces. “El pecado es una enfermedad pero Dios cura todas tus enfermedades. Ellas son grandes, pero más grande es el médico. Para un médico todopoderoso no hay enfermedad que se le resista”. (San Agustín).

Rescata. Se cuenta en la vida del profeta Jeremías que “lo bajaron con sogas y como en la cisterna no había agua sino lodo, Jeremías se hundía en el lodo” (Jer. 38,6). Y ésta es nuestra situación cuando pecamos: nos hundimos en el lodo. ¿Cómo salir de ahí?¿Con nuestro esfuerzo? Cuanto más nos agitamos y movemos más nos hundimos. Es el Señor el que nos salva, nos rescata del abismo en el que habíamos caldo

Lo más asombroso del perdón de Dios es que no se limita a perdonarnos, a sanarnos, a rescatarnos. Su perdón es una verdadera obra de arte. Nos deja mejor que antes de haber cometido el pecado. Es lo que manifiesta con estos tres verbos: colmar, saciar, renovar.

Nos colma de ternura.

La ternura de Dios ha sido provocada por nuestra situación de fragilidad. Al vernos tan limitados, tan impotentes, tan desvalidos, se le ha despertado en Él el cariño más hondo y más generoso. Es como una madre que, mientras el niño estaba sano, no ha podido darle todo el amor que sentía por él para no hacerlo mimoso, pero en cuanto cae enfermo, derrocha sobre él todo el cariño acumulado. Con esta luz tenemos que leer a los profetas.

¿No es Efraín para mí un hijo querido, mi niño predilecto? Pues cada vez que trato de amenazarle se conmueven mis entrañas y me lleno de ternura hacia él” (Jer. 31,20).

¿Cómo te trataré Efraín? ¿Acaso puedo abandonarte, Israel?...Mi corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen” (Os. 11,8)

Nuestra miseria, nuestra debilidad suscita en Dios las fibras más íntimas. Es lo que le hará exclamar a Santa Teresa: “Señor, con grandes mercedes castigabais mis delitos” El que no conoce a Dios perdonando no conoce a Dios amando. Y el que no conoce a Dios amando, no le conoce de ninguna manera ya que “Dios es amor” (I Jn. 4,8).

Sacia de bienes tus anhelos.

A través de una experiencia de pecado, podemos descubrir mejor la sima de nuestro corazón que no puede saciarse con nada. Parece que Dios nos estaba esperando detrás del pecado. Éste nos había prometido un paraíso de felicidad. Y lo que nos ha proporcionado es la decepción, el fracaso, ka frustración. Pues bien, una vez que nos ha perdonado, Dios nos hace una oferta maravillosa: todos los deseos, todos los anhelos, todas las promesas de felicidad que el pecado no ha podido darnos, nos las ofrece ahora el Señor totalmente gratis. El Señor quiere que seamos totalmente felices con Él para que no tengamos necesidad de buscar la felicidad fuera de Él.

Y nos renueva como el águila.

Por la agilidad de su vuelo y por la constante renovación de las plumas, el águila es símbolo de eterna juventud.

San Agustín, un hombre muy observador, nos dice a propósito de este animal.” A las águilas, con el paso del tiempo, les crece demasiado el pico hasta hacerse dificultosa la respiración. Es entonces cuando golpean la roca y ensanchan sus orificios para respirar bien y renovarse”.

Bonita imagen. Por la penitencia y contrición rompemos nuestras viejas costumbres de pecado y damos ocasión para recibir el nuevo soplo del Espíritu.

Por lo demás el águila busca la altura, las cumbres más altas, los picos más elevados. El pecado nos había dejado a ras de tierra. Nos había cortado las alas y ya no podíamos volar. Ahora Dios nos pone a las nuevas para remontar el vuelo, para poder tener aspiraciones sublimes. Y esto sin complejos de culpabilidad, llevando bien alta la cabeza. Dios no sólo nos ha perdonado sino que nos ha rehabilitado del todo. Y ya estamos listos para escalar las más altas cimas de la santidad. Si así es el proceder de Dios. Bien podemos decir con la liturgia de Sábado Santo: “Oh feliz culpa que nos ha proporcionado tan gran Redentor”.

V. 6-7 “El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel”.

De las experiencias personales para ahora a las grandes experiencias del pueblo. Y sintetiza la historia de Israel en el acontecimiento del Ex. Dios hace justicia defendiendo al pueblo oprimido del opresor.

Los caminos de Dios son sus designios. Moisés, en su oración al Señor, le pide: “Si realmente he hallado gracia a tus ojos, hazme saber tu camino para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos y mira que esta gente es tu pueblo” (Ex. 33,13).

Moisés es como el Dios Jano que tenía dos caras. Con una miraba a Dios y con la otra miraba al pueblo.

Las “hazañas de Dios” son las acciones portentosas de Dios en la historia. Y lo que más ha impresionado al salmista ha sido eso: cuanto más tentaba el pueblo a Dios con sus rebeldías más y mejor respondía Él con su amor. Y es precisamente de ese proceder de Dios  en la historia de donde va a elaborar el salmista su teología sobre el amor de Dios. La teología la saca de la vida, de la historia. El Dios de la Biblia no es el Dios de los filósofos ni los sabios sino el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. 

V.8 “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”

Aquí aparece una bonita definición de Dios. Alude a Ex. 34,6.  Las palabras claves son

HESSET = AMOR, TERNURA, CARIÑO.

EMET = FIDELIDAD, ESTABILIDAD.

Significa “amor fiel” “amor estable” Amor del que te puedes fiar.

V. 9 “No está siempre acusando”.

Esa imagen de Dios con el Código en la mano apuntando faltas la debemos desterrar para siempre. Lo que no debemos hacer nunca es proyectar sobre Dios nuestras propias imágenes o nuestros propios sentimientos, “Dios es Dios y no un hombre” (Os. 11,9).

“Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles: como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos”.

Ahora el salmista, para descubrir la bondad y la misericordia de Dios, hace uso de unas imagines cósmicas. El cielo es alto, inabarcable, inconmensurable visto desde la tierra. Así es su bondad. El hombre nunca podrá conocer ni medir la bondad de Dios. A lo sumo sólo podrá vislumbrar.

Su bondad se levanta a manera de una inmensa tienda de campaña. La tierra queda acogida, cobijada bajo la bondad de Dios.  Una imagen, por otra parte, muy familiar a la Biblia. “Como un águila revolotea sobre sus polluelos así Yavé despliega sus alas” (Dt. 32,11) Y el mismo Jesús dirá: “Jerusalén, Jerusalén, cuantas veces yo he querido cobijarte como la gallina cobija a sus polluelos bajo sus alas” (Mt 23,37)

El cielo, con sus astros, ya no es ese lugar enigmático donde juegan dioses caprichosos que atemorizan a los hombres. Es un lugar habitado por Dios Padre que nos cuida con cariño y nos protege con su bondad. Esas inmensas distancias siderales que, en otro tiempo, asustaban y sobrecogían al hombre, ahora resulta que están llenas de la ternura de Dios

Como dista el oriente del ocaso.

El salmista ha querido buscar la distancia más grande para expresar lo lejos que están nuestros pecados cuando le pedimos perdón. Tan lejos que Dios los pierde de vista. “Te echaste a la espalda todos nuestros pecados” (Is. 38,17).

V.13 “Como un padre siente ternura por sus hijos siente el Señor ternura por sus fieles”.

Hasta ahora el salmista ha echado mano de las imágenes cósmicas para hablar de la “extensión” del amor y del perdón de Dios. No se puede abarcar. Pero ahora necesita hablar de la “intensidad” del amor. Y ¿Quién se atreve a medir la intensidad de la ternura de Dios? Nadie. Pero al menos tendrá que escoger imágenes que se le puedan aproximar. . Y ninguna mejor que la de padre y madre, las dos juntas ya que Dios es antes de la separación de sexos.

En el A.T. aparece la idea de Dios Padre y Madre. ¿“Acaso una madre puede olvidarse del niño pequeño que lleva en sus entrañas? Pues, aunque ella lo olvidara yo no me olvidaría de ti” (Is. 49,15).

“Cuando Israel era un niño yo le amé…yo enseñé a caminar a Efraín y le tomé en brazos…Con cuerdas humanas los atraía, con cuerdas de amor, y era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla y me inclinaba hacia él para darle de comer” (Os.11,1-4). La imagen de inclinarse para darle de comer es propia de la mamá que se inclina para dar de mamar a su niño.

Son escenas infantiles más propias de la madre que del padre. No podemos perder de vista esta ternura visceral y maternal de Dios. Incluso deberíamos hacer un esfuerzo por recuperar nuestras escenas de niño cuando estábamos en los brazos de nuestras madres…para saborear la dulzura y el encanto de nuestro Dios

El Papa Juan Pablo I apenas tuvo tiempo para dos cosas: Sonreír y decir: “Dios es Padre pero, sobre todo, es madre”. Y dicho esto desapareció.

Se reía Unamuno de que se enseñara el catecismo a los niños diciendo: Dios es una cosa…infinitamente sabia, poderosa…” Dios ¡una cosa!.

“Dios es nuestro padre. También es nuestra madre. es decir, ternura y dulzura. Mientras no hayáis comprendido esto, mientras no hayáis jugado sobre las rodillas de vuestra madre (Dios) contándole vuestras historias de niños, no podéis contar con su amor…Porque Dios es mi madre. Y toda mi vida no es sino una búsqueda loca de ese regazo materno” (Jean Wu, profesor de Hawai).

V.14 “Porque Él conoce vuestra masa, se acuerda que somos de barro”.

El salmista ha sorprendido a Dios con las manos en la masa, en ese preciso instante en que nos sacaba del barro. El alfarero que ha sobado la masa…,aunque se haya salido una ánfora preciosa, sabe muy bien de qué materia está hecha. Si fuera de bronce, al caerse se haría algún rasguño pero no se rompería. Pero, al ser de barro, lo normal es que se rompa cuando se cae. Dios no sólo nos perdona sino que nos excusa. Y comprende mejor que nadie nuestra fragilidad. La Iglesia tiene que aprender mucho de esta comprensión de Dios. Sólo aquel que tiene experiencia de su debilidad se hace comprensivo. Los “perfectos” se hacen despiadados

V.15 “Los días del hombre duran como la hierba…Pero la misericordia de Dios dura por siempre”

La vida del hombre es tan breve que apenas le queda tiempo para pecar. En cambio, para perdonarle, Dios tiene una eternidad por delante.  Lo importante es descubrir que esa poca cosa que es nuestra vida está sostenida por Dios. “Lo primero que nos golpea en un encuentro con Dios es la conciencia de nuestra nada. Y lo segundo es constatar que esa nada que yo soy, es amada por Dios. El amor de Dios sobre la nada de mi existencia es objeto de asombro y reconocimiento ilimitado”. (A. Frossard)

V.19 “El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo”.

¿A qué vienen estas palabras?. Por otros salmos sabemos que se trata de una victoria.  A veces es una victoria cósmica.” El Señor reina vestido de majestad…su trono está firme desde siempre” (Sal. 93,2). En otras ocasiones quiere resaltar una victoria histórica: “Dios reina sobre las naciones; se sienta en su trono sagrado” (Sal. 47,9).

En nuestro caso Dios se sienta en el trono del amor. Y se celebra el triunfo de la misericordia.

V.20-21ª  “Bendecid al Señor ángeles suyos…bendecir al Señor ejércitos suyos…bendecid al Señor todas sus obras”.

El salmista se siente pobre y pequeño a la hora de agradecer a Dios tanto derroche de amor y y llama a todos los ángeles del cielo y a todos los ejércitos celestiales a que se sumen a la alabanza y a la acción de gracias. Los ángeles y los ejércitos celestiales están en el cielo cumpliendo su tarea y el salmista tiene la osadía de invitarles a interrumpir su función para que se asocien a la alabanza aquí en la tierra. El salmista no alaba al Señor por su poder, por su grandeza por su sabiduría sino porque ha llenado de amor todo lo que existe. Por eso es consciente de que no puede haber alabanza y glorificación mayor de Dios que la que se le hace a título del amor. El que Dios no se tenga a menos de bajar de los cielos a amar a una criatura tan pequeña y débil como es el hombre, he ahí el motivo de su gloria. “La gloria de Dios es que el hombre viva” (S. Ireneo)

V.21c. “Bendice, alma mía, al Señor.

El salmo termina con las mismas palabras que ha comenzado. Las mismas palabras pero ¡Qué distintas en contenido”.Al principio el alma estaba “dormida” y ha tenido que despertarla. Ahora está bien despierta, feliz, gozosa, entusiasmada.

La misma palabra le dijo al Señor Judas que María Magdalena.

“Maestro” En Judas esa palabra era el signo de una traición (Mc. 14,45). En María Magdalena era la explosión de un corazón enamorado. (Jn. 20,16).

El salmista, al final, dice las mismas palabras que al principio, pero ahora están llenas de emoción, de ternura, de entusiasmo.

Ése debe ser siempre el recorrido de nuestra oración. A través de un diálogo con el Señor, poder decir:”¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras Él nos hablaba? (Lc. 24,32).

TRANSPOSICIÓN CRISTIANA.

La paternidad de Dios que en el A.T. aparece como una imagen sugestiva de Dios en el N.T. aparece como una realidad viviente en la persona de Jesús de Nazaret. “En Él ha aparecido la ternura de Dios y su filantropía”. (Ti. 2,11).

Esta verdad es tan grande que sólo puede captarse desde el asombro. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre que ha querido hacernos a todos hijos suyos. ¡Y lo somos!” (I Jn. 3,1).

En este salmo se descubre que el N.T. sólo puede entenderse desde el A.T.  A la Encarnación los padres le llaman “Verbum abreviatum”. Palabra abreviada, condensada, concentrada. Hay que desplegarla…Explicare es eso: desplegar en imágenes:

Testimonios de los padres.

“Dios es aquel que se inclina rápidamente a la misericordia” (San Jerónimo.

“Toda la carne es hierba. Y el Verbo se ha hecho “carne” ¡Qué esperanza para esta hierba que el Verbo se haya hecho “carne” se haya hecho “hierba=fragilidad) para que la hierba no desaparezca nunca”. (San Agustín).

Testimonios recientes.

“El Señor que pone su corazón tan cerca del nuestro está muy propicio para olvidar, al mismo tiempo, toda nuestra miseria”. (P. Claudel).

“María es el sacramento de la ternura maternal de Dios” (P. Claudel).

“Aquel que cree de verdad que Dios es amor está ya en condiciones para poder ser santo” (Cardenal Mericier).

“Es verdad: No hemos  amado bastante; pero el Dios bueno que sabe que somos barro y nos ama como una madre ama a su hijo nos ha dicho que Él no muere y jamás rechaza a quien viene a Él” (Palabras de Carlos de Foucauld a su hermana en la mañana de su muerte).

“El Señor me mostró en la mano una cosa pequeña como una avellana, mientras yo miraba con los ojos del entendimiento diciéndome: ¿qué es lo que puede ser esto? Él me respondió: es una representación de todo lo que yo he creado. Y como me pareciera que una cosa tan pequeña podría ser aniquilada en un abrir y cerrar de ojos, he ahí la respuesta que yo recibí: esto subsiste y subsistirá siempre porque Dios lo ama. Todo lo que existe debe su existencia al amor de Dios. Así, en esta pequeña cosa, yo vi. tres propiedades: que Dios la había creado, que Dios la amaba y que Dios la conservaba en su existencia” (Juliana de Norwich).

 
ACTUALIDAD descargar archivo en PDF
 
 
AGENDA
 
BUSCADOR


 

Lectio Divina para cada día
Comentario Dominical
Los Salmos, por Raúl Romero
Encuentros con Jesús y al vivo
Misión de Cochabamba, Bolivia
Seminario Diocesano

 

   
         
   
| AVISO LEGAL |           Plaza de Palacio, 1- 50500 Tarazona (Zaragoza) España - Teléfono: 976640800 - obispado@diocesistarazona.org          diseño y alojamiento GIGA DIGITAL