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Cartas al Pueblo de Dios: 12 de marzo de 2017
SEGUIR A CRISTO QUE ES LA LUZ ES LO MISMO QUE QUEDAR ILUMINADO

ACTUALIDAD

 
Queridos hermanos y amigos:

Las lecturas de este segundo domingo de Cuaresma nos proponen una serie de actitudes que deben mover la vida del cristiano para hacerla más auténtica y plena. Me centro en la primera lectura que hoy escuchamos (Génesis 12, 1-4a),en ella se nos invita a tener una actitud de salida. Abrahán escucha la voz de Dios que le invita a salir de su tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré.

Para Abrahán, Dios no es sólo una idea o un concepto, es quien le habla y le llama y de quien tiene una experiencia. Él, a su vez, se fía absolutamente de Dios. Por eso la fe de Abrahán es modelo de la fe, una fe auténtica y firme. No tiene miedo de seguir lo que Dios le pide, lo hace con una absoluta confianza. Es un hombre completamente abierto a Dios.

Para nosotros salir, escuchando el mandato de Dios, no significa dejar nuestra tierra, nuestra familia o nuestras ocupaciones, pero sí que es descubrir que en nuestra vida muchas cosas tiene que cambiar, ya lo señalaba comentando el mensaje de Cuaresma del papa Francisco los domingos pasados. Sobre todo de nuestras actitudes egoístas y soberbias que nos encierran en nosotros mismos, cerrando nuestro corazón a los demás.

El Catecismo une la figura de Abrahán a la de la Virgen María: Obedecer en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma. (Catecismo 144)

Pero, para que se dé esta obediencia en la fe es necesario escuchar la voz de Dios – lo ha hecho Abrahán y María- , como nos dice la oración colecta de la Misa de este domingo: tú nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto. Escuchar la voz de Cristo producirá en nosotros dos frutos: alegrarnos con el gozo interior de su palabra, y, a la vez, purificarnos con ella.

Ante estos dos personajes, Abrahán y la Virgen María, podemos pensar que nosotros estamos muy lejos de ellos y de su gran fe; y en parte, estamos en lo cierto. Pero sus actitudes ante Dios sí que pueden ser las mismas.

Fundamentalmente podemos hacer lo que hicieron Abrahán y María: creer que Dios puede hacer lo imposible y que nada es demasiado difícil para Dios. Si de un anciano, como era Abrahán, y de una jovencita, como era María, el Señor hizo grandes cosas, también en nosotros puede hacer grandes obras.

Necesitamos creer en el poder y en las promesas de Dios, sin dudar. Necesitamos creer y estar dispuestos a obedecer voluntariamente a Dios, salir de este mundo y apartarnos del pecado, como nos dice el Papa en su mensaje de Cuaresma.

Un santo padre de la Iglesia, San Ireneo, cuando nos habla del seguimiento de Cristo nos dice:no nos mandó que lo siguiéramos porque necesitase de nuestro servicio, sino para salvarnos a nosotros mismos. Porque seguir al Salvador equivale  a participar de la salvación y seguir a la luz es lo mismo que quedar iluminado.

Prosigamos, pues, este camino luminoso que es la Cuaresma, abramos nuestro corazón a su llamada y pidamos que su misericordia venga sobre nosotros (Salmo 32).

Con todo afecto os saludo y bendigo.


+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona
12 de marzo de 2017

 
 
 
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