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9-04-2017
Las Comunidades Cristianas se nutren de la Palabra de Dios.
Domingo de Ramos. Ciclo A

ACTUALIDAD

 

AMAR—MORIR—RESUCITAR


Debiéramos preguntarnos seriamente qué tenemos que ver cada uno de nosotros, en nuestro diario vivir, con el AMOR del Jueves Santo, la MUERTE del Viernes Santo y la RESURRECCIÓN del Domingo de Pascua. AMAR, MORIR, RESUCITAR, son como tres movimientos "in crescendo" de la Semana santa. Tres realidades que, sin duda, son las más importantes en la vida de cada hombre.

AMAR es el verbo más conjugado de la historia. El hombre está sediento de amor. Cuando lo encuentra y cuando lo da, es feliz. Pero amar como Jesús con su medida y con su finalidad, no es fácil. Amar como El amó supone negarse, olvidarse, vencerse. Amar como amó Jesús supone considerar de verdad a los hombres, a todos los hombres, como hermanos y estar dispuesto a compartir con ellos la herencia, toda la herencia. No, no es fácil amar así. Y por eso no lo hacemos. No lo hacen los hombres en general y no lo hacemos , evidentemente, los cristianos. Por eso, fácilmente, el Jueves Santo no lo entendemos.

MORIR. ¡Qué difícil! Y, sin embargo, la muerte está ahí, dispuesta a acudir puntualmente a la cita. No queremos saber nada de ella. Viéndonos, también nosotros mismos podríamos pensar: ¡Qué terrible una muerte sin respuesta! ¡Qué angustiosa una muerte sin retorno! ¡Qué cruel una muerte sin victoria! Contemplando el modo de vida de los hombres, también quizá el nuestro, cabría preguntarse: ¿Qué esperan los hombres persiguiendo tan ansiosamente el poder, el dinero, la gloria? ¿Está ahí la meta anhelada, el fin último, la aspiración máxima? ¿Qué piensan los hombres de la muerte? No es fácil aprender a morir; sin embargo, debiéramos esforzarnos por dar, a la luz de la muerte y sin necrofilia, hondura y categoría a nuestra vida, sabor cristiano y trascendente a nuestro existir. Pensar serenamente el Viernes Santo, a la sombra de la Cruz.

RESUCITAR. Es la última palabra de la muerte. El triunfo, la gloria, la alegría. Jesús, venciendo el tedio, el dolor, la angustia, la incógnita que se alza perturbadora ante la mente humana. Su triunfo es el nuestro. ¿De verdad lo creemos así los cristianos? Quizá en el fondo de nuestro ser sí lo creemos. Nos falta avivar esa fe, hacerla realidad diaria, ponerla de relieve al enfocar la vida, al acercarnos a los hombres, al vivir con ellos. Hay que intentar resucitar cada día en un esfuerzo permanente por dar a nuestra existencia un tono y un estilo en el que se reconozca inmediatamente a Cristo, cuyo final no fue la Cruz, sino la Luz.

AMAR, MORIR y RESUCITAR: tres realidades para pensar y para vivir en esta Semana Santa y en toda nuestra vida. (DABAR).




PREGUNTAS


1.– Lo que caracteriza nuestra vida cristiana no es amar sino “amar como Jesús nos ama”. ¿Estoy dispuesto a amar de esa manera?


2.– Sabemos que tenemos que morir aunque no lo acabamos de creer. Pero la muerte llegará a nosotros como el sueño sobre nuestros ojos: de una manera inexorable. Eso tan terrible Jesús lo convirtió en expresión de amor. Me preparo para aceptar mi muerte como respuesta al inmenso amor de Dios a lo largo de toda mi vida?


3.- ¿Estoy convencido de que la Resurrección de Jesús me afecta también a mí? ¿Vivo ya en esta vida alguna experiencia de Resurrección?.




Hermanos y amigos, batid palmas,

aclamad a Dios con cantos de alegría;

porque el Señor es excelso y es humilde,

que con los mortales comparte muerte y vida.

No domina con imperio ni con miedos,

ni corta yugulares con la espada;

monta en un asno como un pobre,

entra en la ciudad a la alborada.

Dios llega entre aclamaciones,

tapizado el suelo con los mantos,

con el júbilo de los hosannas,

y las palmas de los jóvenes y ancianos.

¡Dueños de las casas, abrid las puertas!

que nadie se esconda a su llegada.

va a entrar el rey de la gloria,

en la plenitud de la jornada.

Dios reina sobre el universo,

planta su tienda entre los pobres;

tomemos asiento todos juntos,

abramos de par en par los corazones.



(Casiano Floristán)

 
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