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Lectio Divina con los salmos para una oración de Adoración-Contemplación. Salmo 16

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  SALMO 16


1.- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
2.- yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
3.- Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.
4.- Multiplican las estatuas de dioses extraños; Yo no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios.
5.- El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano:
6.- me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
7.- Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.
8.- Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
9.- Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena:
10.-Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
11.- Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

•  ADORACIÓN-CONTEMPLACIÓN:

La contemplación es de por sí una forma de oración, la cumbre de toda oración. Para definirla quizás sería suficiente la frase de San Juan de la Cruz, «estar amando al Amado», ya que quien se nos entrega en la Lectio Divina es Dios mismo, quien viene a nuestro encuentro regalándonos su amistad: «Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.» (Apocalipsis 3,20)


 


Ahora tratamos de interiorizar en nuestro corazón los bellos y ricos sentimientos que ha despertado en nosotros este salmo. Los resumimos en unas frases.


1.– Procuro hablar con Dios sin pensar en mi mismo: Tú eres lo mejor para mi. Lo más grande y hermoso que ha ocurrido en mi vida. Sin Ti me siento perdido. Tú eres mi Todo. !Qué bonito color tiene la vida contigo!.


2.– La misma experiencia me dice que, cuando me he alejado de Ti, nunca he sido feliz, más aún, me he sentido muy triste. En cambio, cuando Tú has ocupado el centro de mi corazón, he rebosado alegría y felicidad.


3.– Déjame, Señor, que te hable como un enamorado: Mi vida ha cambiado radicalmente desde que tuve la suerte de encontrarme contigo. Vivo feliz sintiéndome querido por Ti. Vivir contigo es una suerte , una pura delicia, más aún, la gran fiesta de la vida.


4.- ¿Y la muerte? Es sólo un velo que me impide estar definitivamente contigo. Al final de la vida te pediré con San Juan de la Cruz: “ Rompe la tela de este dulce encuentro”.


 


 


•  ORACIÓN:


Yo digo al Señor: Tú eres mi bien.


Señor, muchas veces soy un egoísta redomado en mi oración. Sólo vengo a decirte mis problemas, mis preocupaciones, mis momentos bajos. Centro mi oración en mí. Hoy el salmista me da una bonita lección: Viene a decirme una cosa tan linda como ésta: Tú eres mi bien. Al salmista sólo le interesas Tú. Sólo sabe gozar contigo. Fuera de Ti nadie puede hacerle feliz. Señor, enséñame a orar como el salmista. Haz que sepa dar un giro a mi oración. Que me guste estar contigo para adorarte, alabarte, darte gracias y decirte: Sólo me interesas Tú.


 


El Señor es el lote de mi heredad


Hoy quiero darte gracias por haberme dado tu persona por herencia. Nada en este mundo puede llenar mi corazón. Cuando Tú no estás, todo suena a vacío dentro de mí. En cambio, cuando Tú llegas, todo se llena de sentido. Eres como el sol que todo lo ilumina, todo lo calienta, todo lo vivifica.


 


Me ha tocado un lote hermoso.


Quiero decirte, Señor, a boca llena, que estoy muy contento contigo. Que la vida a tu lado ha sido una verdadera alegría. Me siento muy orgulloso de Ti y no te cambiaría por nada ni por nadie. Haz que mi vida sea un auténtico poema para Ti. Yo ya sólo quiero tener un trabajo, una tarea: hacer las delicias de mi Dios.


 


No me entregarás a la muerte


Desde esta intimidad que estoy viviendo contigo ya no tengo ningún miedo a morir. Me fío plenamente de Ti. Tú, Señor, sabes que yo ya no podría vivir sin Ti; pero yo también sé que Tú tampoco podrías vivir sin mí. Sólo me preocupa el amor. Por eso te pido una y otra vez: concédeme la gracia de morir estando de ti enamorado. De esta manera mi muerte será el viaje más lindo y fantástico de todos los que yo he hecho en mi vida: una preciosa y eterna luna de miel .




 


Explicación del Salmo 16


 


+ Ambientación.


Tenemos ante nuestros ojos uno de los salmos más bellos del salterio, en el que el protagonista alcanza una de las cimas más altas de la religiosidad judía. Todo el salmo gira en torno a esta afirmación: “Dios es el Absoluto. Todo lo demás es relativo”. Lo más probable es que el salmo se haya compuesto en la época post-exílica por los sacerdotes que intentaron una renovación de la Alianza. El salmista (tal vez un levita) ha sabido mantenerse firme en su fe, al margen de los ídolos, y canta la dicha que supone el permanecer fiel al Señor. De esta manera el salmo lo podríamos definir de esta manera:”Historia de un hombre contento y feliz con su Dios”.


Por razones de claridad, podríamos adivinar en el salmo un triple movimiento de: pasado, presente y futuro.


Primera parte : 1-4 El salmista echa una mirada a su pasado y descubre lo bien que le ha ido en la vida con Dios.


Segunda parte : 5-8 Descubre las ventajas que cada día le reporta el haber hecho una buena opción: Dios como Absoluto de su vida.


Tercera parte .: 9-11. Desde una fuerte e intensa experiencia de Dios pierde todo el miedo a un futuro que, en aquellos momentos se le presenta sombrío y sin horizonte.


No hay nada que pueda compararse con la alegría que proporciona el hecho de haber elegido a Dios como razón de su vida. Los que eligen otros dioses son citados a la puerta del Sheol.


 


+ Meditación-reflexión:


Es bueno perder seguridades y ganar seguridad.


Las primeras palabras del salmo “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti” (v.1) . son según Brillet “uno de los más bellos gritos del salterio”. El salmista nos dice que él sólo se ha refugiado en Dios durante toda la vida. No se ha refugiado en los hombres y menos en las Instituciones. Ni siquiera en el Templo que era considerado como zona segura, “lugar de refugio”. Puede haber ocasiones y circunstancias, como apunta el salmo 11, en las que reine una anarquía tal que ni siquiera en el Templo hay seguridad. “Cuando fallan los cimientos, ¿qué podrá hacer el justo? Los cobardes, los pusilánimes, aconsejan la huida: “Escapa como un pájaro al monte”. Pero los valientes, los de fe recia no se asustan ni se amilanan porque han sabido poner su seguridad en Dios. “Al Señor me acojo. En Él me cobijo” Dios es mi espacio vital. Pra un cristiano, Cristo “muerto y resucitado” es la roca firme en la que se apoya.


Una bonita y eficaz manera de orar: “Yo digo al Señor: Tú eres mi bien” (v.2).


El salmo se inicia con un sí rotundo y entusiasta a Yavé. Este salmo es modelo de una auténtica oración de petición. El salmista lleva a Dios sus deseos, sus inquietudes, sus peticiones. Pero deja las cosas muy claras desde el principio: “Para mí lo bueno es Dios. Lo absoluto y definitivo es Dios. Todo lo demás, incluso lo que vengo a pedirte, es relativo y pasa a segundo término.


Según R. Smith, “el salmista no sólo considera a Dios como fuente y principio de toda felicidad, sino que encuentra actualmente contenido en Dios el bien verdadero que existe en cada cosa”. Todo bien creado me remite a Dios. El monoteísmo bíblico no es jamás una árida formulación teórica. Es experiencia vital que desplaza cualquier otro centro de amor y de adoración.


Esto en teología se explica de la siguiente manera:” Dios es para nosotros, al mismo tiempo, el ser necesario y suficiente. Por ser “necesario” las demás cosas no pueden sernos suficientes. Y por ser “suficiente” las demás cosas no pueden sernos necesarias


Santa Teresa de Jesús lo diría todavía de una manera más bonita:” Sólo Dios basta”. Lo cual no significa que Santa Teresa se desentendiera de las demás cosas de la tierra y de las personas. El “sólo Dios basta” significa que cuando Dios no está todo suena a vacío. Y cuando Dios está todo se llena de sentido. Dios es el que realiza, me plenifica, me hace gozar de todo. En cambio, el pecado, me esclaviza, me destruye, me anula y me incapacita para gozar en profundidad de la vida. Una cosa es el placer y otra la felicidad.


Una constatación muy lógica: Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen” (v.3).


Es una consecuencia lógica. Si Dios es el supremo Bien, los dioses de la tierra no nos llenan, no nos dicen nada. El verbo que usa es satisfacer. (Satis-factum). No nos dejan suficientemente hechos, acabados, realizados.


Los ídolos nacen allí donde Dios no está. Donde hay zonas oscuras de nuestra vida, donde todavía no brilla el sol, allá hay zonas paganas que hay que convertir. “Los ídolos no son nada; sus obras que tanto aprecian no sirven para nada” (Is. 44,9).


A veces, el pueblo de Dios se instala y abandona a Dios. Entonces es capaz de cambiar “ la Gloria de Dios” (Dios desplegando posibilidades para el hombre) por ídolos, es decir, vaciedades. Dios se queja por medio de sus profetas:”Doble pecado ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a mí, manantial de aguas vivas, y se ha construido cisternas agrietadas, encapaces de retener el agua” (Jr.2,13).


Los ídolos no están lejos de nosotros, están ahí con sus llamadas seductoras: dinero, placer, bienestar, poder…Y hay otros idolillos personales: esa fruslería que le damos tanta importancia…ese afán de protagonismo…ese miedo a comprometernos y complicarnos la vida…


Los cristianos nos olvidamos con facilidad de que “por causa de Cristo tenemos que pasar por locos” (I Cor. 4,10). Definitivamente, si somos capaces de dar un Sí total a Dios, debemos dar un No total a los ídolos


Una fina ironía:


El salmista ve la gente llena de esclavitudes, sirviendo a ídolos de barro. “Multiplican estatuas de dioses de barro” (v.4). Hoy día diríamos yendo detrás de los famosos, los que salen en la prensa, en la T.V. O, en esta sociedad de consumo, ver a la gente salir de unos grandes almacenes cargada con cantidad de cosas. Él contempla la escena y se dice:”Hay que ver la cantidad de cosas que yo no necesito”.


Yo no caeré en la trampa.


Mis manos no están hechas para aplaudir a esos ídolos de barro. Están hechas para rezar, para aplaudir a Dios por tantas cosas maravillosas que ha hecho en la Creación y para levantar a tanta gente que está caída. Mis labios no están hechos para endiosar a nadie en este mundo. Están hecho para adorar al verdadero Dios y para ser voz de los que no tienen voz.


Orgulloso de su Dios.


“El Señor es el lote de mi heredad y mi copa. Me ha tocado un lote hermoso. Me encanta mi heredad” (v.5-6). Son los versículos más importantes del salmo. Hay dos imágenes que conviene explicar: la copa y la cuerda de medir. El Señor, al salir de Egipto, dio a su pueblo una tierra en heredad. Esta tierra Dios la cuida con solicitud amorosa. “De esta tierra cuida Yavé, tu Dios; los ojos de Yavé, tu Dios, están constantemente puestos en ella desde que comienza el año hasta que termina” (Dt. 11,12).


Esta tierra tan cuidada por Dios la deben considerar como un precioso don y, puesto que Yavé tiene sus ojos puestos en ella, ellos no deben desviarlos a otras realidades como hacen los paganos:” Cuando levantes tus ojos al cielo, la luna, las estrellas, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos, para darles culto” (Dt. 4,19).


En este salmo no se trata de esa heredad. Aquí está hablando de una tribu concreta: la tribu de Leví. El Señor dijo a Aarón: tú no tendrás herencia en tu tierra, no habrá parte para ti en medio de ellos. Yo mismo seré tu herencia y tu parte en medio de los israelitas” (Num. 18,20).


El reparto de la tierra se hace de dos modos:


 


a) Metiendo en una copa el nombre de las personas apreciadas. En este caso es el mismo Josué el que pone el nombre de las tribus en la copa. Pero falta una tribu, la tribu de Leví. Esta tribu no entra en suerte porque su suerte es el Señor.


Notemos una cosa: Dios va por la vida repartiendo suertes, repartiendo felicidad. En este sentido debemos decir que la tierra es una suerte, la vivienda es una suerte, los dones materiales son una suerte. Y tratándose de una vida consagrada, hay que decir que el noviazgo es una suerte, que el matrimonio es una suerte y los hijos son una suerte. Pero hay personas que han tenido la suerte de no entrar en suerte, porque su suerte es el Señor. En la copa del reparto están los dones de Dios pero no está el Dios de los dones porque Dos no cabe en ninguna copa del mundo. En este sentido, el levita puede decir:”Contigo, ¿qué me importa la tierra?” (Sal. 73,25).


Se prepara ya, desde aquí, la teología del Reino de Dios. “Es como un tesoro escondido en el campo y, al encontrarlo un hombre, por la alegría, vende todo lo que tiene por comprarlo” (Mt. 13,44). Y esta es la doctrina que han vivido los santos y los místicos.


“El amor consiste en amar a Dios por Dios; no por las cualidades que derrama sobre mí”. (San Juan de la Cruz. Llama 3,82)


“Que otros elijan otras porciones temporales y terrenas con las que se gocen. La porción de los elegidos es el Dios eterno. Beban otros los placeres de otras fuentes. Yo bebo en la copa del Señor. Mi heredad es excelente para mí. No es excelente para todos, sino para los que ‘ven'. Y como yo me encuentro entre los últimos, es también para mí. No dice: ¡Oh Dios, dame algo en herencia! ¿Qué me darás Tú en herencia? Todo lo que Tú podrías darme si no fueras Tú, sería para mí una nadería. Sé Tú mismo mi herencia. Tú eres a quien amo” (San Agustín).


“He aquí mi cuerpo, mis pensamientos y mis palabras a tus pies. Nada me queda ahora, Dios mío. A tus pies nada me queda y ¿qué otra cosa puedo pedir? Ya no escucho mi canto. Ni ningún otro nombre. Dios es mi Amado. Mi único” (Poeta hindú)


b) La otra imagen es la cuerda de medir. Era costumbre repartir la tierra a cordel. “Tu tierra será repartida a cordel” (Am. 7,17).


No tener a nadie con el cordel en la mano era una desgracia, o un castigo. “No habrá para vosotros nadie que tire el cordel sobre un lote en la asamblea de Yavé” (Miq. 2,5).


En el salmo aparece Dios con el cordel en la mano. Pero no para repartir suertes humanas que, por ser humanas, son limitadas. Él personalmente lleva la suerte, la felicidad en sus manos. Por eso el salmo hay que traducir así:”Unas cuerdas divinas han caído sobre mi”. Al ser divinas son espirituales e ilimitadas.


Al buen israelita le encantaba medir Jerusalén: su longitud, su anchura. Sentía orgullo de su ciudad y le encantaba pasearse por sus jardines. “Alcé los ojos y vi una visión. Era un hombre con una cuerda para medir en la mano. Le dije: ¿adonde vas? A medir Jerusalén, a ver cuánta es la anchura y cuanta su longitud” (Zac. 2,5)


Tratándose de Dios, ¿quién será capaz de medir la longitud y la anchura de su poder, de su sabiduría, de su amor? San Pablo, hablando de Cristo nos dirá que rompe todos los esquemas. “No hay alto, ni ancho ni profundo”. (Ef. 3,17-19) Supera toda medida.


¡Esto hay que celebrarlo!...


El salmista está encantado con su suerte y no la cambiaría por nada .”Me ha tocado un lote hermoso. Me encanta mi heredad” El ser cristiano, o la vocación no es algo tangencial en la vida de una persona sino que empapa todo su ser. Todos los días agradece y celebra su elección. Y canta y danza como David ante el Arca. Habla de ella con orgullo y su felicidad la transmite por todos los poros de su ser. La mayor y mejor propaganda de nuestra vocación cristiana es que nos vea la gente que somos felices. Y cuando nos pregunten ¿Por qué estamos siempre alegres? ¿Qué os pasa? Es que un día tuve la suerte de encontrarme con Jesús de Nazaret.


“Permitidme medir, maravillado, esta herencia que me ha caído en suerte… Tú me has saciado con tu rostro…Escucha lo que te digo muy quedo para que solamente tú lo oigas: Oh Señor, yo no te he merecido de ninguna manera…!Magnífico!... Es algo muy bello y no sé cómo ponderarlo… Tú has embriagado mi corazón, Tú has desatado mi lengua…Lléname de las delicias de tu rostro, lugar en que todos los caminos terminan” (P. Claudel).


 


+ Una enseñanza nueva y distinta


Dice el salmista: “Bendeciré al Señor que me aconseja, (v.7).


Aquí el verbo “aconsejar” es algo más que el don e “consejo”. Se trata de una enseñanza suave, delicada, envuelta en ternura. Algo así como enseñan las mamás a los hijitos pequeños. Lo más parecido es lo que dice San Juan a propósito de la enseñanza el Espíritu. “Su unción os enseñará” (I Jn. 2,27). Es acción suave y penetrante como el aceite. Se trata de una enseñanza dulce, experimental.


La noche misteriosa.


Diríamos que el salmista ha tenido una fuerte experiencia de Dios, probablemente en el Templo. La experiencia le acompaña también fuera del Templo: en la calle, por las plazas y se mete en su casa. Llega la noche y la emoción no le deja conciliar el sueño. “Estaba durmiendo. Mi corazón en vela” (Cant 5,2). Al quedar rendido por el sueño, sigue soñando en su Dios. Normalmente los hombres se enamoran de las mujeres y las mujeres de los hombres. Pero hay hombres y mujeres que llegan a enamorarse de Dios. Para los enamorados la noche es el tiempo del silencio, de la intimidad, del misterio, de la poesía. No es tiempo de dormir. Es tiempo de soñar.


Dios, como presencia arrolladora. “Tengo siempre presente al Señor (v,8).


El salmista goza de una abrasadora cercanía de Dios. Un Dios que no le deja ni a sol ni a sombra. Esta cercanía no marca distancias, como el padre que precede al hijo y el amigo que se pone frente al amigo que habla. Es la cercanía de la que habla el salmo 138:”MI alma se aprieta contra ti. Me estrechas detrás y delante”.


“Respiramos el contento y la dicha que inspira el estar con Dios. Al sentirse a su lado, en su presencia, todas las sombras se esclarecen y todo deseo se amortigua pues los satisface todos plenamente” (A. González Núñez)


La derecha defensora de Dios.


La derecha es esa parte del guerrero adonde no llega el traje de guerra. La derecha debe quedar lista para manejar la espada. Por eso era la aparte más vulnerable por donde podría atacar el enemigo. Pues hasta esa parte está protegida por Dios. Ahí se pone Dios y mi persona queda invulnerable. Por eso dice el salmista: “Con Él a mi derecha no vacilaré” (v.8).


El gozo profundo.


No se trata de un gozo superficial propio de un botellón en un fin de semana. Es placer epidérmico, pasajero, decepcionante. Es gozo del corazón y las entrañas (v.9). Es como un manantial que brota dentro de mí y me anega de paz y de dulzura. Un manantial que nunca se agota. (La Samaritana).


+ Algo que va contra la experiencia:


Dice el salmista: “Mi carne descansa serena” (v.9).


No es propio de la carne la seguridad sino el decaimiento y la corrupción. “Casas de arcilla cimentadas en barro, entre el alba y el ocaso se desmoronan” (Job. 4,19-20). La carne baja a la tumba y se convierte en ca-da-ver, (caro-data-vermibus) es decir, en carne, dada a los gusanos. Aquí el orante ha tenido una experiencia personal tan intensa que en ella ha descubierto una dimensión nueva de la existencia.


+ Algo jamás contado.


Lo que dice el salmista al final del salmo es algo inaudito. ”No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”.


Hay algo que debería dar pánico al salmista: la muerte. Pensemos que cuando se escribe el salmo no estaba elaborada la teología del más allá. Lo que rezan cada día es esto:”Los muertos no te alaban, ni los que bajan al Sheol”. Y, sin embargo, desde la experiencia que él tiene de Dios, se confía sereno al futuro. El futuro no es “algo” sino “Alguien”. El futuro es Dios.”Tú no puedes permitir que tu amante vea la corrupción” (Chaurraqui).


El salmista se siente posesión de Dios. Nadie, ni la muerte, le puede arrebatar esta posesión. “El hombre que ha hecho una experiencia de comunión con lo divino sabe que nada ni nadie le podrá separar del amor de su Dios. Dios es con él y él es con Dios” (A. Cousse).


En un amor humano se dice: hasta que la muerte nos separe. Pero tratándose de Dios no hay topes: hasta más allá de la muerte. Dios que tanto me quiere es imposible que deje de quererme. “En medio de la muerte estamos abrazados por la vida” (Blumnadt).


“No sabe cómo será pero el salmista ha abierto brecha en la muralla, se ha asomado al otro lado, vedado a la teología tradicional” (P. Alonso Schökel).


Qué manera más bonita e interesante de hacer teología. Es muy difícil creer en una más allá si ese más allá no se hace presente en el más acá. Es la escatología incoada de San Juan.


“Mi inmortalidad es indispensable porque Dios no querrá cometer una iniquidad y apagar del todo el foco de amor después de ser Él el que lo ha encendido en mi corazón. ¿Qué cosa hay más querida que el amor? El amor es superior a la existencia, es el coronamiento de la existencia… ¿Y cómo es posible que la existencia no esté sometida? Si he comenzado a amarlo y me he alegrado de su amor ¿es posible que Él apague mi alegría y me convierta en cero? Si hay Dios también yo soy inmortal” (Dostoevskij).

 
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