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ENCUENTROS CON JESÚS EN EL EVANGELIO Y AL VIVO 5

ACTUALIDAD

 
ENCUENTRO DE JESÚS CON EL JOVEN RICO…

Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

En el evangelio de Marcos, tan pronto como Jesús se hace presente en su vida pública, comienzan las preguntas sobre Él: ¿Quién es éste? ¿Qué doctrina es ésta? ¿Qué pasa aquí? Y en el mismo evangelio se van dando distintas respuestas a la pregunta sobre Jesús. Unas son auténticas, otras insuficientes y en el caso del joven rico, ciertamente falsa.

El joven rico es una persona buena, y en ningún momento aparece que la riqueza la haya conseguido por medios injustos. Incluso es respetuoso con Jesús al “arrodillarse” delante de Él. Y ahora seguimos el esquema de todos los encuentros.



1.- Buscar a Jesús. Este hombre, joven y con dinero, no se siente satisfecho consigo mismo. Va buscando algo más. El texto dice que viene a Jesús “corriendo” . Tiene prisa, le urge, necesita encontrarse con Jesús. No le preocupa esta vida porque vive bien; pero sí la vida futura, la vida eterna. Se trata de un joven a quien le gusta el dinero y el pasarlo bien en este mundo, pero que tiene unas inquietudes religiosas hondas y sabe que esta vida tiene una fecha de caducidad. Por eso se pregunta: ¿Qué será de mí cuando yo me muera? Ojalá que muchos de los jóvenes de hoy se hicieran la misma pregunta. Esta es la gran tragedia de nuestros días: no hay preguntas sobre Dios, ni sobre la trascendencia, ni sobre el más allá. Se cumple lo que dijo el poeta Antonio Machado: “Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo peor es que no sabemos para qué sirve la sed”. No sabemos para qué sirve esa sed de infinito, esa sed de felicidad que Dios ha puesto en lo profundo del ser humano.



2.- Contrastar nuestra vida con el evangelio. A la pregunta del joven sobre qué tiene que hacer, Jesús le remite a los mandamientos. Los mandamientos que Jesús le recuerda, son los de la segunda tabla, es decir los que se refieren al prójimo, no los que se refieren directamente a Dios. Esta enseñanza es exclusiva de Jesús. Para cualquier judío, los importantes eran los de la primera tabla . Al comprobar que los mandamientos los ha guardado toda la vida, Jesús le mira “con cariño”. Nos preguntamos: ¿Por qué Jesús lo mira con cariño? Sencillamente porque ve en él un joven con posibilidades de ser discípulo suyo. Le ve madera de santo. Por eso Jesús se atreve a hacerle una buena oferta: “Si quieres ser perfecto”, es decir, “si quieres llegar hasta el final”… ni no quieres detenerte a la mitad del camino; si no quieres ser un mediocre, un vulgar, uno del montón, vende lo que tienes, dalo a los pobres y después ven y sígueme.

El joven está anclado en el “tener” . Le interesa tener dinero, tener salud, tener méritos ante Dios. A Jesús le interesa el “ser” Si quieres “ser” perfecto… Jesús está empeñado en que todos nos realicemos plenamente como personas, vivamos a tope lo humano, y para ello es necesario “ser libres” y no estar atados ni a las riquezas ni a nada de este mundo.

El joven del evangelio estaba atado al dinero hasta el punto que no le dejó libertad para tomar una auténtica decisión que lo hubiera realizado plenamente en este mundo y le hubiera dado la vida eterna que tanto deseaba.

Jesús no ha dicho que el dinero sea malo. Pero ha dejado bien claro que el dinero de tal manera avasalla el corazón de las personas que no les deja libertad para decidirse por Jesús.

Y eso que le pasó a aquel joven nos sigue pasando también a nosotros. A veces nos da más seguridad los pequeños ahorros que tenemos en el Banco que Jesús.

Y termina el texto diciendo: “se marchó entristecido” . ¿Por qué? El Señor no le ha quitado absolutamente nada. Se ha quedado con su dinero y su libertad para decidir. Pero se quedó muy triste porque perdió la gran ocasión de su vida: perder a Jesús. Se quedó con su dinero, pero perdió la gran riqueza de su vida: Jesús. Se quedó con su “capacidad de decidir”, pero se quedó sin fuerza para decidirse. Y, sobre todo, se quedó muy triste por haber defraudado a Jesús. Nos hacemos unas preguntas:

1.- ¿Es Jesús real y vivencialmente la gran riqueza de mi vida? ¿Quién tira por dentro más de mí: ¿el dinero o Jesús? ¿La comodidad o Jesús? ¿la mediocridad o Jesús?

2.- ¿De qué ataduras internas me tengo que liberar para poder decidirme con libertad por Jesús?

3.- ¿Me duele el no poder realizar los sueños de Jesús sobre mí? ¿Me duele el estar defraudando cada día a Jesús por mi vida tan ramplona y tan superficial?



3.- Compromiso. No es el momento de lamentarse, ni pedir excusas, ni de quedarme mal y con complejos de culpabilidad. Es la hora de la verdad, del compromiso serio, de hacer un corte radical a mi vida, y tomar una “determinada determinación” de llegar con Jesús hasta el final, hasta la meta que Él me ha marcado, pase lo que pase y caiga quien caiga. Yo hago el compromiso de seguir fielmente a Jesús, de ponerlo como mi Señor, como absoluto en mi vida.



4.- Quedarse solo con Jesús. Jesús es el gran Maestro de la vida. Jesús nos enseña a vivir en plenitud. Hay que experimentar vivencialmente que sólo Él es capaz de realizarnos plenamente. Todo hubiera cambiado en ese joven si, en vez de quedarse con un dinero que necesariamente tenía que dejar, se hubiera quedado con Jesús. ¡Es curioso! Este joven que se quedó con su dinero, se quedó muy triste. Y Zaqueo, que era muy rico, al desprenderse del dinero, saltó de alegría. El dinero genera tristeza. Jesús produce alegría. Uno de los hombres más felices de este mundo fue San Francisco cuando se quedó desnudo en medio de la calle y renunció a toda su herencia. Su riqueza era Dios. Por eso, solía decir: “Yo para vivir necesito poco y eso poco lo necesito muy poco”. Es interesante descubrir, por la propia experiencia, que Jesucristo llena plenamente nuestra vida y que todo lo demás nos deja insatisfechos.



5.- Oración.

“Corrió a su encuentro”. Cuando se trata de encontrarse con Jesús no sirve el andar, hay que correr. Como corre el niño buscando los brazos de su mamá; como corre el enamorado buscando a su enamorada; como corren los padres buscando al hijo desaparecido. Es el amor el que nos impulsa a correr. Es el corazón el verdadero motor de la vida.

El evangelio nos habla de una Padre y un hijo. Un Padre que había visto marchar a su hijo de casa y, al atardecer, iba todos los días mirando la trocha por donde el hijo partió. Y un día, al verlo de lejos, corrió a su encuentro, le besó, le abrazó, le cambió la ropa, le puso sandalias nuevas y lo empujó a la fiesta. Así corre Dios Padre buscándonos cuando nos perdemos. Y yo, ¿corro de la misma manera buscando a Dios?

“Jesús, fijando en él la vista, le amó” Señor, tu mirada es siempre mirada de amor. No sabes mirar de otra manera. Nuestra mirada humana es torpe, mezquina, incluso está llena de ira y de venganza. Pero la tuya es siempre creadora. Invitas a crecer, a ser mejor, a ver lo bueno y positivo de la vida, a mirar siempre con los ojos del corazón.

Señor, me da mucha alegría el sentirme siempre “mirado” por ti. Si estoy solo, tu mirada me hace compañía; si he caído, tu mirada misericordiosa me levanta; si estoy desilusionado, tu mirada de resucitado, me da esperanza.

Señor, que te mire siempre a Ti y no a mí; que mire tu amor, y no mis méritos; que mire tu misericordia y no mis pecados; y, sobre todo, que siempre me deje mirar por Ti.

“Una cosa te falta: vende lo que tienes…y sígueme” Sí, Señor, una cosa me falta: el convencerme, de una vez para siempre, que me falta todo cuando me faltas Tú. Que Tú eres lo absoluto y definitivo en mi vida; que Tú eres mi” fundamento” y, si me faltas, me hundo: que Tú eres “mi camino” y, si me faltas, estoy totalmente perdido; que Tú eres “mi verdad” y, si me faltas, mi vida es pura falsedad, pura mentira; que Tú eres “mi vida” y, si me faltas, estoy muerto. Señor, tengo ya muchos años y, en ellos, he cometido muchos pecados; muchos errores; pero sólo uno tiene importancia: el no haberte amado a Ti siempre con un corazón apasionado.
 
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