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Salmos para reflexionar. Salmo 8

ACTUALIDAD

 

•  SALMO 8


2.-¡Señor, dueño nuestro,

qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.



3. De la boca de los niños de pecho,

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.



4 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,

la luna y las estrellas que has creado,



5 ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

el ser humano, para darle poder?



6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad;



7 le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:



8 rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,



9 las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por el mar.



10 !Señor, dueño nuestro,

qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.



Después de la lectura: Tener el corazón abierto y disponible para escuchar al Señor


•  LECTURA EN ECO:

Es una manera muy sencilla de asumir lo que fue leído, donde cada uno va repitiendo libre y espontáneamente aquello que más le tocó y que más le gustó de lo que fue leído. La mejor manera es repetir la frase, o versículo más significativo y que el grupo escuche, pero en algunos casos el grupo repite aquello que fue compartido.


•  PREGUNTAS:

Buscan favorecer la comunicación y el compartir en grupo, Siempre hacemos tres preguntas: Una es de tipo personal. Otra afecta al grupo. La tercera es de compromiso con la vida.

Preguntas

1.- ¿Me gusta encontrarme con Dios en la Naturaleza? ¿Tengo experiencias de rezar en la noche?

2.- En el salmo hay momentos en que entra en acción la Asamblea que estalla en un grito de alabanza al Creador. ¿Vivo en mi grupo cristiano, en mi comunidad, momentos fuertes de fe intensa y entusiasta?

3.- En este salmo, el hombre adquiere su grandeza en relación con Dios, su Creador. El hombre moderno, desde la increencia, intenta aparcar a Dios de su vida. Como creyente, ¿me preocupa este fenómeno? ¿A qué me compromete?


•  ORACIÓN:



Qué admirable es tu Nombre! Señor, hoy no quiero fatigar mi mente pensando en Ti, reflexionando sobre Ti. Quiero, en reposo, bañarme en tu luz, teñirme de colores y empaparme en tu inmensa grandeza. Quiero quedar extasiado ante las maravillas de tu Creación. Y con los balbuceos de un niño que no sabe hablar, quiero expresarte mi admiración y mi ternura.

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos”… Dios mío, no quiero ver el cielo y la tierra como obra de tus manos. Son demasiado grandes y no pueden trabajar lo diminuto. Quiero contemplar todas tus maravillas como “obra de tus dedos”. Así toda la creación aparece como una obra delicada, menuda, fina, artesanal. Toda una filigrana de arte. Todo un bello poema de amor.

¿Qué es el hombre? El hombre es una paradoja. Comparado con la inmensidad de los astros es un ser pequeño, apenas perceptible. Un granito de arena en la playa, una gotita de agua en el mar. Y, sin embargo, es el único ser en la Creación que puede preguntarse por tanta belleza y por tanta grandeza. Es el único ser a quien Dios confía el dominio de todas las cosas: las del cielo, las de la tierra y las de los abismos.

El Hombre es Jesús. Dios mío, cuando Tú inspirabas este salmo, la pregunta sobre el hombre no la dejabas cerrada sino abierta. El hombre perfecto, el hombre por antonomasia, el verdadero hombre, sería tu Hijo Jesucristo. En Él has puesto tu mirada y es el objeto de tus complacencias; de Él has recibido una alabanza de tu agrado; a Él le has dado un nombre sobre todo nombre; y ante Él dobla su rodilla toda criatura en el cielo y en la tierra. Él es el Cristo. Él es el Señor. ¡He ahí el hombre!




EXPLICACIÓN DEL SALMO 8



El salmo ocho es un cántico de alabanza y reconocimientos al Dios Creador. El hombre se siente pequeño ante la grandeza de Dios. El salmo parece moverse entre las coordenadas de “grandeza-pequeñez”. Según el P. Alonso Schókel, al salmista le gusta jugar con una especie de saltos poéticos:



  • De los cielos inmensos a los niños de pecho.

  • Del mundo sideral al hombre minúsculo.

  • Del ser pequeño del hombre al mundo de lo indomable.

  • Del sometido a Dios al que todo se le somete.


El salmista quiere dejar clara una cosa: la grandeza de las criaturas está en razón directa de su relación con Dios. La criatura más excelente de todas será el hombre por su inteligencia.

“El hombre…en esta empresa nos parece un gigante. Nos parece divino, no en sí mismo, sino en su principio y en su destino. Honor, por tanto, al hombre, honor a su dignidad, a su espíritu, a su vida.” Con estas palabras, en Julio de 1969, Pablo VI confiaba a los astronautas que partían para la Luna “el texto del salmo 8, para que penetrara en los espacios cósmicos”. “Hay más riqueza en un solo hombre que en toda la masa de la materia inerte” (B. de Solages). “Muchas cosas majestuosas viven; pero nada es más majestuoso que el hombre” (Antífona de Sófocles)..



ESTRUCTURA.



  1. Exclamación coral.

  2. Grandeza de Dios. (2b-3)

  3. Grandeza del hombre en medio de la creación. (4-9)

  4. Exclamación coral con un nuevo contenido


 


DESARROLLO.


v. 2 . ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

Aclamación al nombre de Yavé. Para un judío el nombre es la persona, el ser. Para Israel, el Soberano es el Señor de la Creación. Cielos y tierra significan el universo entero.

La alabanza está llena de admiración y entusiasmo. Brota espontánea y está dirigida no a la creación, sino al Señor de la Creación. Ésta aparece como “teatro de la gloria de Dios” (Calvino).

El salmista está viendo la creación con ojos de fe. Para el “geólogo” la creación es objeto de estudio; para el “ecologista” una gran riqueza para el hombre y que hay que conservar. Para el salmista la creación es “lugar teológico”. Ve la Naturaleza, la contempla y vibra ante ella. Se convierte en un adorador, en n místico. Entra de cabeza en la Naturaleza y se baña de esa corriente de vida que sale a borbotones de la mano del Creador. “El cielo tan hermoso y puro que hace creer en Dios” (Musset).

“Nosotros no nacemos sino para mirar las cosas creadas, y para contemplar al Creador de las cosas, es decir, para que nosotros las sometamos, las rodeemos por el espíritu” (Lactante). (La contemplación es también tarea del hombre).

“Ensalzaste tu majestad sobre los cielos”. Dahood traduce así: “Quiero adorar tu majestad en los cielos”. A la alabanza cósmica el salmista quiere unir su voz para cantar, adorar, ensalzar la majestad divina”.

Mientras el cuerpo del salmo está escrito en singular, hay una aclamación en plural al principio y al final. Se aprecian las palabras del solista y la aclamación de la Asamblea. Ésta, después del v. 2, tiende a cerrar la boca y entrar en silencio hasta que estalle en el estribillo final.



v.3 “De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra los enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde”.

Según la costumbre, en Israel a los niños se les destetaba a los dos años. Es entonces cuando el niño comienza a soltar su lengua y a balbucear palabras. Y es precisamente este balbuceo infantil, lleno de sencillez, de ingenuidad, de admiración y cariño, el lenguaje que agrada a Dios. “La sabiduría abre la boca de los mudos y suelta la lengua de los niños” (Sab. 10,21). El profeta Jeremías decía: “Señor, no sé hablar. Soy un muchacho” (Jr. 1,6). Y no es que el profeta fuera, como se ha dicho, un tartamudo, sino que no sabía hablar de Dios.

“Dios no necesita de la verborrea de los oradores. Dispone de la lengua muda de los niños” (Calvino).

Los niños son esa gente sencilla y humilde a quienes se les revela Dios (Mt.11,25). Es esa actitud infantil del ser humano que descubre al mundo cada día con admiración y gozoso estupor. Milton, en el paraíso perdido, pone en boca de Adán despertando del sueño, esta bella frase: “Di un salto como si miintención fuera llegarme hasta Él”. En un mundo limpio y sin pecado, el hombre se encuentra con Dios de una manera gozosa y espontánea. No necesita creer en Dios ¡Le ve! No necesita creer en Dios. ¡Le oye!

Nuestros antepasados oían cantar a los astros. “Por eso dirá Job: “Cantaban a coro las estrellas del alba” (Job 38,7).

¿Quiénes son los enemigos y los rebeldes?

Algunos creen que representan las fuerzas del mal presentes en la historia.

Otros, a los dioses creadores de las religiones de pueblos vecinos.

Probablemente son las personas que niegan o ponen en duda la existencia de Dios. Al afirmar que Dios no existe ocupan ellos su lugar. La arrogancia impide al ser humano reconocer a Dios en sus obras.


Siguiendo el evangelio diríamos que son los “sabios y entendidos”, es decir, los sabihondos, los que saben tanto que incluso se atreven a explicar este mundo maravilloso sin Dios. La misma palabra de Dios les dirá que son “vanos e inexcusables” pues, a partir de las cosas visibles, no fueron capaces de conocer a Aquel que las hizo (Sab. 13,1).

Jesús cita las palabras del salmo cuando los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se sintieron molestos al oír que los niños gritaban en el Templo dando vivas al Hijo de David (Mt. 21,15-16).

A éstos Dios no se les puede revelar.

En 1Cor. 1,27-28 se dice: “Dios ha escogido lo que el mundo considera necio para confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes”.

“Dios lleva a cabo sus proezas sirviéndose de medios que, al parecer, son del todo insuficientes para que su poder resalte con mayor claridad” (Gunkel).


“Sólo el hombre, infeliz, erró el camino

ceguera incomprensible y lastimosa;

el más perfecto ser que al mundo vino,

de Dios la criatura más hermosa;

aquel a quien la mano poderosa

dio un destello admirable de su ciencia,

ese sólo dudó de su existencia”.



v.4 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado.

La ausencia del sol lleva a pensar que la contemplación nocturna del cielo, la luna y las estrellas se encuentran en la base de este himno de alabanza.

El salmista contempla el cielo tachonado de estrellas en una noche oriental. Y queda anonadado por el silencio, el misterio y la serena belleza del firmamento. El salmista tiene una bonita experiencia religiosa en la noche…Como tantos otros…

“!Cómo habéis hecho de bella la noche! Dios mío. ¿Y cómo puede haber hombres que duden de Ti, bajo las estrellas? (Larigandi).

“Hermano, por encima de la tienda estrellada debe habitar un buen Padre” (Schiller)

“Es necesario que las estrellas tengan a su alrededor bastante espacio para proceder a sus genuflexiones” (Ramuz).

Obra de tus dedos. El salmista aquí no dice “obra de tus manos” sino “obra de tus dedos”.Quiere dar a la creación un carácter artesanal. Es una obra menuda y cariñosa por parte de Dios. Un pasar y repasar los dedos modelando la forma de las estrellas, como si se tratara de vajilla o de joyas. Todos los astros son piezas de menuda artesanía. También los animales. ¿Y el hombre? Se supone, pues este salmo tiene una íntima relación con Gn. 2,7: “Modeló el Señor al hombre de arcilla de la tierra”.

La creación no sólo es obra artesanal sino obra musical. Dios pulsa sus dedos y la creación vibra como si se tratara de un arpa.

“El cielo, dice el salmista, es “tuyo”, la luna y las estrellas “son obra de tus dedos”. Esta expresión, diferente a la más común “obra de tus manos” (v.7) es particularmente bella: Dios ha creado estas realidades colosales con la facilidad y la finura de un bordado o del cincel, con el ligero toque de quien acaricia las cuerdas del arpa con los dedos” (Juan Pablo II).

¿Qué es el hombre?

Pregunta central del salmo. Y ha sido provocada por una contemplación religiosa de la creación. Surge de una mirada trascendente. El hombre mira, contempla, admira. Y porque admira, pregunta. Los griegos decían que la admiración es la madre del saber.

La pregunta sobre el hombre no debe hacerse desde una visión “inmanente”, mirándose el hombre a sí mismo, encorvado bajo su existencia. Sólo levantando su cabeza y “trascendiéndose” a sí mismo, encontrará la respuesta adecuada.

El salmista está perdido en medio de una gran paradoja. Comparándose con ese mundo inmenso y maravilloso de astros ¡qué pequeño es el hombre! Se siente como una gota de agua en el mar. Como un granito de arena en la playa.

“Y yo, para alabarte, Dios de los soles, ¿quién soy? Átomo en la inmensidad, minuto en la eternidad. Sombra que pasa y no ha sido más. ¿Puedes Tú entenderme sin prodigio? ¡Ah! El prodigio es tu bondad” (Lamantine).

Pues bien, esta realidad tan pequeña que es el hombre es objeto de una atención especial y apasionada del Creador. Es el centro de la ocupación y preocupación de Dios. Por eso seguimos preguntado.

¿Qué es el hombre?

Ya por el hecho de preguntar está dando la respuesta. Sólo el ser humano es capaz de hacer preguntas. Los seres inanimados no preguntan. Los animales tampoco. Sólo el hombre tiene la facultad de levantar los ojos, de ir erguido, de mirar hacia arriba y preguntar por tanta grandeza y tanta belleza.

El hombre es el cantor, el sacerdote y licurgo de la creación. “Es el hombre el que transforma en alabanza consciente, amorosa, la belleza y el orden armónico del cosmos” (Manatí). Si el hombre no prestara su voz, su corazón, su voluntad, cesarían los aplausos y en el universo sólo cundiría un desolado silencio.

Ante la pregunta ¿qué es el hombre? Dios contesta en el salmo con seis acciones: se acuerda, visita, lo hace poco inferior a un dios, lo corona, lo hace reinar, pone todo bajo sus pies.

Explicamos el contenido de estos verbos:



SE ACUERDA.

En la Biblia el verbo “recordar” (ZKR) es uno de los pilares de la religiosidad bíblica. Esta palabra resuena en los salmos:



  • Dios recuerda su Alianza. (Sal. 105,8)

  • Los pobres. Sal. 9,13

  • Su pueblo (Sal. 74,2)

  • Su palabra (Sal. 105,2)

  • Su ternura. (Sal. 25,6)

  • Y se acuerda de mí. (Sal. 105,2)


El “recordar” no es una abstracta tesis ideológica sino que define la intervención de Dios en la historia. Recordar los acontecimientos históricos de la salvación es igual que “creer”. El recuerdo bíblico es la profesión de fe que hace presente el acto pasado de Dios.

En Dt. 8,2 se usa el verbo “recordar” para que el pueblo, en un contexto de bienestar, no se olvide de Dios: “Acuérdate del camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer durante cuarenta años para probarte…y para ver si observas de corazón tus mandatos o no”.

El hecho de que en el salmo 8 Dios se acuerde del hombre es objeto de extasiada maravilla. Dios tiene fe en el hombre. Sigue creyendo en él y sigue actualizando aquel primer acto creador lleno de ilusión y de ternura.

Este hombre “débil y corrompido” (Gn. 4,6), destinado a ser engullido por el tiempo, semejante a un gusanillo (Job 25,6) es objeto del recuerdo salvífico de Dios.



VISITA.

El recuerdo va unido al cuidado, que es lo que significa aquí el verbo visitar.



  • Visita la tierra y la fecunda. (Sal. 65,10)

  • Visita la viña de Israel (Sal. 80,15)

  • Visita al hombre con su salvación. (Sal. 106,4)


El hombre es el centro de la ocupación y preocupación de Dios. Es su tarea. “Dios visita al hombre, para quien, situado bajo la protección de sus alas, extiende la misericordia y le da la luz en su luz, y le abreva con sus delicias y le embriaga con la abundancia de su casa para hacerle olvidar los sufrimientos y errores del pasado” (San Agustín).

El hombre que, entre todos los seres es como el polvo, como la hierba que aparece y desaparece, una vez que es adoptado como hijo por el Dios del Universo, se hace familiar de ese Ser cuya grandeza nadie puede ver ni comprender. Y nos preguntamos ¿Por qué se ocupa Dios del hombre? ¿Por el valor que tiene? Más bien el valor que tiene es porque Dios se ocupa de él.



LO HICISTE POCO INFERIOR A LOS ÁNGELES.

Se puede traducir “poco inferior que a un dios”. Y esta traducción es la más probable. Así traduce S. Jerónimo. Pero ese “un poco” o “casi” hay que respetarlo. Que quede claro que Dios lo ha hecho todo. Observamos la cantidad de adjetivos y pronombres personales en un texto tan pequeño: “tu nombre”, “tu majestad”, “tus enemigos”, “tus dedos”. Dios es el sujeto de casi todos los verbos: “Tú lo has creado”, “Tú te acuerdas”, “Tú lo hiciste”, “Tú lo coronaste”, “Tú le diste el mando”, “Tú lo sometiste”. Ha hecho del hombre una buena copia. Pero nunca hay que confundir la copia con el original.



LO CORONASTE DE GLORIA Y DIGNIDAD.

Tres términos definen esta dignidad en la Biblia.



Gloria.

( Kabod) Es una cualidad de Dios. En hebreo significa “peso”. A diferencia del griego no designa tanto la fama cuanto el valor real, conforme a su peso. ¿Quién puede pesar a Dios? ¡Qué poco es el hombre en sí mismo, separado de Dios!



Ornato

El hombre bíblico ve este mundo “adornado” por el Creador. Después de crear las cosas hay un estribillo que se va repitiendo: “Y vio Dios que aquello era bueno”. Y al terminar la creación dijo que “era muy bueno”. Las cosas estaban bien hechas, eran bellas y graciosas.

Es bello:

El esplendor del Carmelo (mundo inanimado) (Is. 35,2).

La bella presencia de un toro. (Dt. 33,17) (reino animal).¡

La belleza del cuerpo humano, como microcosmos, síntesis de la belleza de toda la creación (Cant.).



Corona

Es señal de alegría nupcial. “Salid a contemplar, hijas de Sión, al rey Salomón, con la diadema con que lo coronó su madre el día de sus bodas, el día de las delicias de su corazón (Can3,11).

Con este hombre se desposa Dios y le pone la corona. “Serás corona espléndida en manos del Señor…Como un joven se casa con su novia, así se casará contigo tu constructor y como goza el esposo con la esposa, así gozará contigo tu Dios” (Is. 62,3.5).

Este hombre coronado como rey del Universo no es un hombre que destaca por encima de sus semejantes. Es el hombre, todo hombre sea rico o pobre; hombre o mujer; adulto o niño… La dignidad le viene porque está hecho “a imagen y semejanza de Dios”.

Lo hace reinar.

Es el rey del universo. Notemos que los verbos reinar, coronar, poner bajo los pies, recuerdan el ritual de entronización de los antiguos reyes. ¿Sobre qué reina?

Pone todo bajo sus pies.

El dominio sobre todo lo creado no conoce límites. Sobre “todo lo creado”.

Su pie está sobre:

los rebaños y las ovejas


  • las bestias del campo ( difíciles de dominar)

  • los peces del mar.

  • Las aves del cielo.


Este dominio no ha sido adquirido por méritos propios como propone el humanismo ateo. Es un dominio donado por Dios que confía a las manos frágiles y, con frecuencia, egoístas del hombre todo el horizonte de las criaturas para que conserve su armonía y belleza, para que la use y no abuse de ella, descubra sus secretos y desarrolle sus potencialidades.

“La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado “a imagen de Dios,” con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios”. (G.S. 12).

¡Qué grande es el hombre!

“Nosotros no sabemos nada de nada. Hay tanto misterio en el crecimiento de un grano de trigo como en el movimiento de las estrellas. Pero sabemos bien que nosotros somos los únicos capaces de amar; y por eso mismo hay que decir que el menor de los hombres es más grande que todos los mundos reunidos (G. de Larygandi).

“El hombre es una caña que piensa. Un vapor, una gota de agua basta para matarle. Pero cuando el Universo lo aplasta, el hombre será todavía más noble de lo que lo mata. Porque sabe que muere. El Universo no sabe nada. Toda nuestra dignidad consiste en el pensamiento” (Pascal).

“Esta alma que está dentro de mi corazón es más pequeña que un grano de arroz, que un grano de trigo, que un grano de mostaza, que un grano de mijo… Esta alma que está dentro de mi corazón es más grande que la tierra, más grande que el cielo, más grande que el espacio, más grande que todos los mundos, pues el alma es la identificación de sí en el Absoluto divino” (Poema hindú 700-500 a de Xto).

“El hombre es un movimiento hacia el cielo que tiende hacia lo absoluto; el paso a lo divino, el ser corpóreo que se dirige hacia Dios. Es una epifanía de Dios en medio de la corriente vital” (Scheler).

Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra.

Ahora la asamblea que ha estado silenciosa, recogida, emocionada, llenándose de admiración y asombro, estalla en una alabanza. Con las mismas palabras del estribillo del comienzo ahora dice cosas nuevas y distintas. Y agradece a Dios con fervor todo lo que ha hecho en el hombre y para el hombre.

Transposición cristiana.

A través del salmo ha quedado siempre flotando la pregunta ¿Qué es el hombre? Y hemos dicho de él cosas admirables. Con todo el salmo contiene una insatisfacción que no puede llenar. Porque nos preguntamos: ¿Es realmente el hombre Señor de la tierra? ¿Dónde está el hombre limpio sin sombra de rebeldía? ¿Dónde está esa boca de niño que disfruta alabando?

El salmo está a medio llenar. El hombre auténtico, el hombre cabal, el que cumple a perfección todo lo que dice el salmo será Jesús de Nazaret. ¡Ése es el hombre!

“Este es el hombre en quien el Padre ha puesto todas su complacencias” (Mc. 1,11).

“Él es la respuesta a todas nuestras preguntas” (Jn. 1,35-39).

Él ha venido a cumplir la misión de aquel niño anunciado por Isaías que reconcilia la bestia feroz con la dulzura de Dios (Is. 11,8).

Después de la Resurrección tiene un nombre sobre todo nombre y ante Él dobla la rodilla toda la criatura en el cielo y en la tierra. Él es el Cristo, el Kirios, el Señor.

Realmente, el idealismo del salmo se hace realidad en Jesús. Éste sí que puede cantar el salmo sin correcciones ni reservas. “Al someterlo todo, nada dejó que no le estuviera sometido. Mas al presente no vemos todavía que le esté sometido todo” (Heb. 2,8).

“El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies” (I Cor. 15,26).

Los cristianos estamos llamados a ser dueños y señores de nosotros mismos.

“Dominas toda clase de fieras? Me responderás: ¿es que tengo fieras dentro de mí? Sí y muchas. No lo tomes a ofensa. Fiera grande es la cólera cuando ladra en el corazón. ¿no es más feroz que cualquier mastín?… ¿No es una fiera la hipocresía? El que injuria afiladamente ¿no es un escorpión? El codicioso ¿no es lobo rapaz? ¿Qué clase de fieras no tenemos dentro? El lujurioso ¿no es un caballo enfurecido? En resumen, que hay muchas fieras en nosotros. Pues, si dominando a las fieras de fuera, dejas que te dominen las de dentro, ¿te has hecho, realmente, señor de las fieras? Te han creado para dominar: las pasiones, dominar las fieras…El poder que nos han dado sobre los seres vivientes nos preparan para dominarnos nosotros”. (San Basilio de Cesarea).

“De la misma manera que el perro de casa sirve y teme a aquel que lo alimenta, pero salta sobre él como un extraño para hacerlo añicos cuando ve un rostro embadurnado de hollín o recubierto con una máscara, de la misma manera Adán, mientras que conserva puro su rostro es imagen de Dios… y ve a las bestias sometidas; pero desde que mancha el rostro por la desobediencia, ellas no reconocen a su maestro y llegan a convertirse en hostiles como a la mirada de un extranjero” (San Juan Crisóstomo).



Sentido Cristológico de la creación.

San Juan de la Cruz ve a Cristo en la Creación. En todas las criaturas ha dejado sus huellas, incluso los miembros de su Cuerpo.

Las manos.

Oh bosques y espesuras

plantadas por la mano del Amado

oh prado de verduras

de flores esmaltado

decid si por vosotros ha pasado.

Los pies

Mil gracias derramando

pasó por estos sotos por presura

y yéndolos mirando

con sola su figura

vestidos los dejó de su hermosura.

Los ojos.

Oh cristalina fuente

si en esos tus semblantes plateados

Formases, de repente,

los ojos deseados

que llevo en mis entrañas dibujadas.



Oración de un hinú cristiano.



“En la rosa veo su sangre. En las estrellas, la luz de sus ojos. Sus lágrimas en la lluvia del cielo. Su rostro en cada flor. Reconozco su voz en el estruendo del trueno y en el canto de los pájaros. Las rocas son sus palabras escritas. En las veredas y caminos veo las huellas de sus pies. En los embates del mar, el latido de su corazón. Su corona se tejió con todas las espinas y, en cada árbol adoro su Cruz”.



“Alfarero del hombre, mano trabajadora que, de los hondos limos iniciales, convocas a los pájaros a la primera aurora, Al pasto los primeros animales. No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro, ni soledad en que no te hagas fuerte. Vivir es este encuentro: Tú por la luz, el hombre, por la muerte. ¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra! Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra. (Himno litúrgico de sexta).

 
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