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25-06-2017
Las Comunidades Cristianas se nutren de la Palabra de Dios.
Domingo XII del Tiempo Ordinario. Ciclo A

ACTUALIDAD

 
¡No tengáis miedo! El tema de este Domingo lo propone claramente el mismo Jesús ya que, en los breves versículos del evangelio de Mateo, nos repite por tres veces ¡No temáis!.



Evangelio Mt 10, 26-33: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».




El tema de este Domingo lo propone claramente el mismo Jesús ya que, en estos breves versículos del evangelio de Mateo nos repite por tres veces !No temáis!. Las consecuencias del miedo puedan ser éstas:



1.- El miedo nos paraliza. Jesús, después de la Resurrección, se encuentra a unos discípulos “encerrados por miedo a los judíos”. (Jn. 20,19). Unos discípulos llenos de miedo no pueden salir a ninguna parte. Esta Iglesia que debe dar al mundo la gran noticia de la Resurrección, está frenada, paralizada por el miedo. Sólo cuando Jesús aparece se llenan de gozo y salen a llevar la buena noticia al mundo entero. Sin experiencia de Resurrección no se puede vencer el miedo y la Iglesia que “debe estar en salida” está anclada en el pasado, replegada sobre sí misma, lamentándose de ir perdiendo fieles cada día, sin horizonte, sin ilusión, sin esperanza, sin futuro. Sólo un encuentro vivo con el Resucitado nos hará perder todos los miedos.

2.- El miedo nos esclaviza. En el escrito a los Hebreos se nos dice algo asombroso.: "Cristo vino a liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos” (Heb. 2,15) . Cristo no sólo vino a librarnos de la muerte sino del miedo a morir. El miedo a morir nos hace vivir como esclavos. El evangelio de hoy nos anima a poner toda la confianza en un Padre maravilloso que no permite que caiga un pájaro al suelo sin su permiso y tiene contados hasta los cabellos de la cabeza. Tenemos un Padre que está al tanto de todo y nos quita el miedo a vivir y el miedo a morir. Dios no quiere esclavos que le sirvan por miedo sino hijos que le sirvan por amor. Es interesante un testimonio del s. V de San Pedro Crisólogo ”El mismo Dios nos enseña a orar: Padre Nuestro. Nos empuja a orar así y nos lo manda. Por eso seguimos la gracia que nos llama, seguimos el amor que nos arrastra, seguimos el cariño que nos invita. Que Dios es nuestro Padre, lo siente nuestro corazón, lo confiesa nuestra alma, lo proclama nuestra lengua. Y todo lo que hay en nosotros corresponde a la gracia y no al temor; porque quien de juez pasó a ser nuestro Padre, quiere ser amado y no quiere ser temido”. Dios quiere que vivamos con la libertad de hijos de Dios.

3.- El miedo no nos deja disfrutar. Uno de los males mayores del miedo es que no nos deja disfrutar de la vida. Dios ha creado para nosotros un mundo maravilloso y quiere que lo disfrutemos. Que disfrutemos del sol, de la brisa, del agua, de un bello atardecer, del canto de los pájaros, y de toda la creación. Y quiere aún más que disfrutemos de la amistad, del compartir juntos una mesa, del cariño de las personas. Pero, sobre todo, quiere que disfrutemos de Dios. Quiere que desterremos para siempre esas imágenes de Dios que nos asustan y nos distancian. Que disfrutemos de un Dios que es Padre que nos ama con locura; que disfrutemos de Jesús, nuestro amigo y nuestro hermano que ha ido a la Cruz para expresarnos lo que nos quertía; y de un Espíritu Santo que es Amor y tira de nosotros hacia la unidad.




PREGUNTAS

1.- ¿Tengo miedo? ¿A quien tengo miedo? ¿Siento que el miedo me paraliza y no me deja realizarme? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?

2.- ¿Tengo miedo a morir? ¿Hasta el punto de esclavizarme? ¿Qué debo hacer para ser hombre libre, sin miedos ni sobresaltos?.

3.- ¿Qué imagen de Dios llevo dentro de mí? ¿La imagen de un Dios que me da miedo, que me frena? ¿O la de un Dios que me hace disfrutar de todo?




En medio de la sombra y de la herida

me preguntan si creo en Ti. Y digo

que tengo todo cuando estoy contigo:

el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.

Sin Ti, el sol es luz descolorida,

Sin Ti, la paz es un cruel castigo.

Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.

Sin Ti , la vida es muerte repetida.

Contigo el sol es luz enamorada

y contigo la paz es paz florida,

Contigo el bien es casa reposada,

y contigo la vida es sangre ardida.

Pues, si me faltas Tú, no tengo nada:

ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida.

Amén.



(José Luis Martín Descalzo)

 
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