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09-07-2017
Las Comunidades Cristianas se nutren de la Palabra de Dios.
Domingo XIV del Tiempo Ordinario. Ciclo A

ACTUALIDAD

 
Creo que es un error dar a entender, que la crisis de la Iglesia es una crisis doctrinal. Es una crisis de vivencia. Por eso nunca se podrá superar por medio de más doctrinas y más documentos que tratan de zanjar cuestiones discutidas. Lo que hay que enseñar a los hombres es a vivir una experiencia del Dios cercano, el de Jesús. Sólo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Sólo teniendo la misma vivencia de Jesús, encontraremos la libertad necesaria para ser nosotros mismos. (Fray Marcos).



Evangelio: Mt 11, 25-30. En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados , y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».




En este texto de Mateo, el Señor nos habla de una revelación, pero no de una revelación cualquiera, sino de la máxima revelación del Padre al Hijo y del Hijo a los sencillos de corazón. Podemos dividir el texto en tres partes:

1.– Jesús y el Padre. “Yo te alabo, Padre”. Si algo destacan los evangelistas es esta inefable y misteriosa comunión de Jesús con el Padre. Para Jesús su Padre lo es todo. Se siente fuertemente atraído por Él y es su obsesión, su razón de ser. Por eso le nace la alabanza, la glorificación, el deseo de agradarle en todo. Comenta bellísimamente un famoso pensador cristiano: "Había en Jesús algo íntimo, un "sancta sanctorum”, al que no tenía acceso ni su misma madre, sino únicamente su Padre. En su alma humana había un lugar, precisamente el más profundo, completamente vacío de todo lo humano, libre de cualquier apego terreno, absolutamente virgen y consagrado del todo a Dios. El Padre era su mundo, su realidad, su existencia, y con él llevaba en común la más fecunda de las vidas" (K. Adán).

2.– El Padre y Jesús. “Todo me ha sido entregado por mi Padre”. El Padre no se ha reservado nada. Si se hubiera reservado algo, Jesús ya no tendría algo que tiene el Padre y, por consiguiente, ese hijo ya no sería Dios. Cuando Jesús, después del bautismo, escucha una voz del cielo que dice: “Este es mi Hijo Amado en el que me complazco”, Jesús se retira al desierto. No puede contener tanta emoción y necesita serenarse, en el silencio del desierto, para poder vivir esta experiencia de forma creatural. Jesús es el orgullo del Padre, el único que le hace plenamente feliz. Y a Jesús lo que le hace feliz es ver al Padre contento. En Jesús se cumplen las palabras del salmo 36:”Sea el Señor tu delicia y él te dará todo lo que tu corazón pide”. Por eso el hacer siempre lo que al Padre le agrada constituye su ley de vida.

3.– Jesús y la humanidad. Todo lo que Jesús ha recibido del Padre lo comunica el Señor a los sencillos y humildes de corazón. Y nos invita a descansar en Él. No es lo mismo dormir que descansar. El verdadero descanso lo da la paz del corazón. El niño descansa con su mamá; el esposo con su esposa, y el hombre con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón va de tumbo en tumbo mientras no descansa en Ti. (S. Agustín). Dios no quiere que vivamos angustiados, desesperados, abrumados. Es verdad que nuestra vida debe ser una vida de servicio. Ahora bien, un servicio hecho de mala gana genera esclavitud y frustración. Pero un servicio hecho con amor nos da libertad




PREGUNTAS

1.- ¿Acostumbro a poner mi vida en brazos de mi Padre Dios? ¿Vivo von serenidad, con alegría, con paz interior)

2.- ¿Me dejo querer por Dios? ¿Me siento cerca de Él? ¿Le dejo a Dios darme lo que él me quiere dar?

3.- ¿Me pesa la vida? ¿Me cansa la vida? ¿Busco mi descanso en Dios? ¿Lo he sentido alguna vez?







Cuando yo quiero hablar con Dios, simplemente hablo.

Cuando yo quiero hablar con Dios, a veces me callo.

Y elevo mi pensamiento,

pido ayuda en mi sufrimiento.

Él es padre, Él escucha lo que pide mi corazón.



Cuántas veces hablando con Dios, me desahogo y lloro.

E imploro alivio para mi corazón.

Y entonces siento su presencia, su amor, su luz tan intensa.

que ilumina mi rostro y me alegra en mi oración.


Cuánta paz, cuánta luz.



Dios nos escucha, nos enseña el camino que a Él conduce.

Dios es padre, Dios es luz

Dios nos dice que a Él se llega siguiendo a Jesús.

Es tan lindo hablar con Dios en cualquier momento,

un Dios que ve una hoja que cae y es llevada por el viento.

No existe lugar donde no esté y  no pueda escuchar nuestra voz:

Dios en el Cielo, Dios en la tierra, donde esté,
está dentro de nosotros.

Cuánta paz, cuánta luz.



Dios nos escucha, nos enseña el camino que a Él conduce.

Dios es padre, Dios es luz

Dios nos dice que a Él se llega siguiendo a Jesús.

Cuánta paz, cuánta luz



Dios nos escucha, nos enseña el camino que a Él conduce.

Dios es padre, Dios es luz

Dios nos dice que a Él se llega siguiendo a Jesús.

Cuánta paz, cuánta luz



ROBERTO CARLOS

 
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