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ENCUENTROS CON JESÚS EN EL EVANGELIO Y AL VIVO 6

ACTUALIDAD

 
ENCUENTRO DE JESÚS CON LA SAMARITANA (Juan 4, 5-42).

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:«Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó:«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber", le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice:«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó:«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice:«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice:«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo». En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

1.- Buscar a Jesús. La Samaritana es una “mujer sedienta”. Sedienta de amor, de felicidad, de Dios. Por eso es una mujer inquieta, inconformista, siempre en camino, siempre en búsqueda.

Junto al pozo donde está Jesús sentado, sin prisas, en calidad de Maestro, viene una mujer a buscar agua. Notemos que en el A.T. suceden “encuentros amorosos” junto a un pozo. Así encontró Isaac a Rebeca (Gn. 24,29). Y también Moisés a Séfora (Ex. 2,21).

El libro de los proverbios compara el amor del matrimonio a un pozo que está dentro de casa y mana agua fresca y cristalina. Ese pozo es la esposa. “Bebe el agua de tu propia fuente, bebe a chorros de tu pozo…goza con la esposa de tu juventud…que siempre te embriaguen sus caricias. (Prov. 5, 15-19). Es una insensatez buscar agua en otras fuentes o en otros charcos.

La samaritana, que ha bebido en otras fuentes y en otros pozos, va buscando un amor que le llene por dentro. Pero la sed de esta mujer no se limita al “amor humano” sino que tiene sed religiosa, tiene sed de Dios.

En hebreo el término “Ba-al” se usaba para designar al esposo, pero también para designar el nombre de una divinidad pagana. El simbolismo es claro. La mujer que representa a Samaría ha tenido cinco dioses que se veneraban en Samaria tal como queda reflejado en el segundo libro de los reyes (17, 24-51) y el que ahora tiene, “Yavé” tampoco es su Dios. Habita en Jerusalén y no en monte samaritano del Garicín. Samaria, la adúltera, representada por esta mujer, está insatisfecha con su pasado. Y el agua tradicional (Ley) tampoco ha apagado su sed.

Y aquí tenemos una mujer sedienta, insatisfecha, rota por dentro. Todos los días va con el cántaro buscando agua, pero el cántaro se le queda vacío y debe ir constantemente a llenarlo.

La situación del hombre de hoy en nuestra sociedad europea es mucho más grave. La Samaritana sentía la sed , le torturaba, por eso iba buscando agua.La samaritana dialoga, hace preguntas, se interesa por lo que le dice Jesús. Lo peor que acontece al hombre actual es que ya no tienesedde Dios. “Pasa de eso”. El tema religioso ha dejado de ser tema de interés para él. Se cumplen las palabras del poeta:

“Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber. Lo peor es que no sabemos para qué sirve la sed” (Antonio Machado). No sabemos para qué sirve esa sed de trascendencia, de infinitud, de felicidad plena que el mismo Dios puso dentro de nuestro ser.



2.- Contrastar nuestra vida con el evangelio.

El comportamiento de Jesús con la Samaritana es exquisito; y debe ser modelo de nuestro comportamiento con toda persona.



  • Jesús rompe todos los prejuicios.

    •  Raciales. Los samaritanos eran descendientes de dos grupos:

    a) El resto de los israelitas que no fueron deportados cuando cayó el reino del norte en el 722 a. Cristo.

    b) Colonos extranjeros traídos de Babilonia y Media por los conquistadores.

    •  Religiosos. Estos trajeron también sus dioses que, con el tiempo, fueron aceptados por el resto de los habitantes. De ahí la confrontación de los samaritanos y los judíos por motivos religiosos. Sólo aceptan el Pentateuco y tienen un Templo aparte. Nunca van al templo de Jerusalén.

    •  Culturales. Un judío nunca habla en la calle con una mujer. Se lo impide su orgullo masculino. Mucho menos si esa mujer es samaritana y pecadora. Cuando Jesús le habla primero a la mujer derriba otra barrera infranqueable: la de acercarse a ella con una petición. Destruye el complejo de superioridad de los judíos.



  • Jesús le va llevando por peldaños adonde quiere llegar Él

    •  Del agua material al agua espiritual. Ella le ha dado agua de pozo para saciar su sed material. Jesús le ofrece un agua espiritual para saciar su sed existencial. “agua viva que salta hasta la vida eterna” (v.13-14).

    A partir de ahora “deja su cántaro”. (v.28). Ese cántaro que necesitaba cada día y cada día se le quedaba “vacío” ya no lo necesita. Su fuente le lleva dentro de su corazón y puede beber de ella cuando quiera y cuanto quiera . La felicidad la lleva dentro.

    •  Del templo material al templo del Espíritu.
    Ya no es necesario ir ni al templo samaritano del Garicín ni al templo judío de Jerusalén. “Los verdaderos adoradores adoran a Dios en espíritu y en verdad”. Y ese templo espiritual lo lleva dentro de sí, dondequiera que esté.

    •  Del esfuerzo por conseguir el agua al don gratuito. El conseguir el agua material le suponía un trabajo, un esfuerzo. Ahora esa agua “viva” la tiene sin ningún esfuerzo. Por puro regalo de Dios.

    •  Del “Dios mío” a “Padre mío”. Jesús no habla a la samaritana de adorar a Dios. Hasta tres veces le habla de “adorar al Padre ”. Ese Padre querido nos acompaña toda la vida y no hay que ir a buscarlo ni en la montaña ni en el Templo. Está ahí en lo escondido de nuestro corazón.


Hasta aquí lo que dice el evangelio. ¿Y qué nos dice este evangelio a nosotros hoy? ¡Qué lección tan maravillosa de Jesús! Lo único que le interesa es la persona que tiene delante. Jesús tiene todo su tiempo para ella, como si no tuviera otra cosa que hacer. Su comportamiento tan cercano, tan sencillo, tan humilde, le ha abierto el corazón a esta mujer. Ya está dispuesta a recibir el mensaje que le quiere trasmitir.

Qué importante el saber estar, acoger, dar tiempo a todos las personas antes de hablar de teologías, de leyes, de normas, de preceptos. Lo primero para ser cristiano es ser persona. Por eso nos hacemos algunas preguntas.

•  ¿ Seguimos siendo racistas con los extranjeros? ¿Los aceptamos? ¿Los toleramos? ¿Nos estorban?

•  ¿Cuál es nuestro comportamiento con los que practican otras religiones? ¿Somos tolerantes? ¿Valoramos lo que ellos también tienen de positivo? ¿Nos abrimos en diálogo con ellos?

•  ¿Valoramos positivamente la incorporación de la mujer en puestos importantes en la Iglesia?


Jesús es un gran Catequista. Sabe arrancar de lo material para llegar a profundizar en el mundo espiritual.

•  ¿Estamos dando la debida importancia a lo humano, al estar cercanos, al no ir con complejos de superioridad, a situarnos al mismo nivel de la persona que tengo delante, a estar dispuestos a dar lo mejor de mi tiempo por atenderles?

•  ¿De qué Dios estoy hablando? De un Dios distante, frío, amenazante, ¿O de un Dios que es mi padre que me quiere con locura?

¿Doy testimonio de lo que sé o de lo estoy viviendo?


3.- Compromiso. He descubierto muchas cosas que hay en mí y no se ajustan a lo que yo he descubierto en este encuentro de la Samaritana con Jesús. Si no estoy dispuesto a cambiar, este encuentro no me sirve de nada. Mi compromiso debe ser personal, concreto, en oración con el Señor .


4.- Quedarse solo con Jesús. La Samaritana era una mujer dividida por dentro. Su vida fraccionada no le convencía, estaba tan vacía como el cántaro que llevaba al pozo. Pero cuando se encontró con Jesús, dejó sus maridos, sus ídolos, su vida frívola y se quedó para siempre con Jesús. Desde ese momento Jesús era su pozo, su esposo, su Maestro, su Dios. Y, desde este encuentro vivo con Jesús se convirtió en “apóstol de la Buena Noticia”.

Tal vez, al leer este evangelio, mi mirada esté dispersa en personas, cosas, trabajos, que tiran de mí y hacen que mi corazón esté “descentrado”. Es necesario que mi vida esté “ centrada en Jesús”. Que sea Jesús el centro de mi ocupación y preocupación: el que dé sentido a mi vida, el que me haga ser libre y pueda disfrutar de todo. Desde que la Samaritana se encontró con Jesús su vida tuvo otro color y otro sabor. Comenzó a gustar la vida, a disfrutar en este mundo, a experimentar lo maravilloso que es tener a Dios como Padre y los hombres –sin prejuicios- como hermanos.

Y me digo: Lo que hace más de dos mil años pudo hacer esta mujer, ¿Por qué no lo puedo hacer yo hoy? Cuando San Juan escribió este evangelio ya no pensaba en la Samaritana, sino en mí y en ti. Los evangelios no han sido escritos para llenar nuestra curiosidad sino para ser vividos tal y como otros, en este caso la Samaritana, lo vivieron.


5.- Oración.

Sed de vida. Señor, te confieso que lo más íntimo de mi ser, lo más profundo, muchas veces me suena a vacío. Y me asusta el pensar que, si Tú no me ayudas, mi alma puede quedar “hueca por dentro”. A veces no disfruto de la vida, no la saboreo. Ruedan los días y los años y apenas descubro un avance, una mejoría. Por otra parte, las cosas de este mundo no me llenan; los ídolos de barro se me rompen. ¿Qué hacer?

Como la Samaritana, yo también quiero descubrir “al Dios de mi vida”, al Dios que llena mi vida, al Dios de mi alegría, al Dios que me llama, me seduce y me abrasa en su paz.

Tú, Señor, a la Samaritana le hablaste de un agua “que salta hasta la vida eterna”. Dame también a mí de esa agua. No quiero agua de pozo, sino de manantial

Se sentó junto al pozo. Yo, Señor, necesito hoy sentarme contigo junto al brocal del pozo. Necesito estar contigo a solas y sin prisas. Necesito abrirte de par en par mi corazón y que Tú me escuches, como aquel día escuchaste a la Samaritana. Ya es un privilegio para mí el que dediques tu precioso tiempo para estar conmigo, como si yo fuera la única persona que hay en el mundo. En realidad quiero decirte que, en este momento de mi vida, la única persona a quien yo necesito eres Tú. Tú solo y nadie más. Necesito tus palabras y tus silencios; necesito tu oración ante el Padre y tu pasión por los hombres y mujeres de tu tiempo. Necesito tu mirada llena de compasión y de ternura; tu capacidad de perdón y tu coraje para encarar los problemas y las dificultades. Necesito tu amor inquebrantable al Padre y a su Programa. Y, sobre todo, tu alegría, tu ilusión y tu esperanza.

Busco tu rostro. Por la mirada de la Samaritana habían pasado muchos rostros de hombres y de dioses. Todos le habían defraudado. Nadie le había dado lo que deseaba su inquieto y ambicioso corazón. Pero llegaste Tú y le regalaste una mirada limpia de prejuicios y le revelaste el verdadero rostro de Dios. No de un Dios lejano y vengativo, sino el rostro fascinante de un Padre maravilloso que “hace salir el sol sobre buenos y malos y manda su lluvia sobre justos y pecadores”. Un Dios que es amor y convierte en amor todo lo que Él toca; un Dios que sólo tiene interés en que todos sus hijos seamos felices. Ese Padre maravilloso no está lejos; está dentro de cada uno de nosotros.

El valor del testimonio. Cuando la samaritana escucha la revelación de Jesús: “Yo soy el Mesías, el que está hablando contigo” (v.26) deja el cántaro y se va a comunicar a su pueblo lo que ella está viviendo. “Venid a ver”…Y muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio de la mujer. (v.39). Señor, estamos en unos tiempos en los que sobran los maestros y faltan los testigos. Ya no son tiempos de dar lecciones de Dios aprendidas en los libros. Como la Samaritana, necesitamos “testigos” que digan lo que han visto y oído y experimentado acerca de Jesús. Testigos que digan lo que Dios ha hecho en ellos. Testigos que proclamen lo que Dios es capaz de hacer en nosotros “con lo poco que somos”. Testigos del Dios Vivo, que nos da alegría, que nos da esperanza, que nos seduce por la fuerza irresistible de su amor.

 
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