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Cartas al pueblo de Dios. 10 de diciembre de 2017
UN DOBLE CAMINO: DIOS VIENE A BUSCARNOS, NOSOTROS SALIMOS A SU ENCUENTRO.

ACTUALIDAD

 
Queridos hermanos y amigos:
El domingo pasado, primer domingo de Adviento, meditábamos en nuestra reflexión semanal sobre un tema importante de este tiempo, la vigilancia y el estar en vela. Este segundo domingo de Adviento se nos presenta otro tema típico: “Preparar el camino”.
Así, precisamente, inicia el Evangelio (Marcos 1,1-8) de este día: “Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. A su vez, esta voz que grita, es la voz de San Juan El Bautista, una de las figuras características del Adviento.
San Agustín, en un sermón sobre El Bautista (cf. sermón 293), comenta este pasaje del Evangelio de hoy diciendo que “Juan era la voz y Cristo la Palabra eterna del Padre”. El sonido de la voz de Juan permitió a Jesús pronunciar la Palabra de vida y hacerla llegar hasta nuestro corazón. Juan cumplió su misión de voz y desapareció: "Conviene que Él crezca y que yo disminuya".
Preparar el camino al Señor va unido a la conversión, así lo anuncia san Juan El Bautista, según escuchamos en el texto evangélico: “Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados”.
Asociamos, a veces, esta palabra conversión, a aquellos que sin creer comienzan a creer, así decimos: “se ha convertido al cristianismo”, pero, esto sería una conversión inicial; cuando hablamos de nuestra necesidad de convertirnos estamos diciendo que convertirse es cambiar de vida, tomar un rumbo diferente del que se venía siguiendo; y, bien sabemos, que dados nuestros fallos y pecados, esta actitud es siempre necesaria.
También podemos pensar que se trata de un esfuerzo que realizamos nosotros solos y, dada nuestra debilidad, creemos que es difícil y costoso, pero no es así, la iniciativa de nuestra conversión proviene de Dios mismos. El papa Francisco en una homilía del año pasado en Adviento (Santa Marta, 28, 11, 2016) señalaba: “En definitiva, Dios nos está buscando, nos está esperando, y solo nos pide a nosotros el pequeño paso de la buena voluntad”. A su vez, nosotros debemos alimentar siempre la aspiración de “salir” a su encuentro, como nos dice el Papa: “El cristiano debe tener el deseo de encontrarlo y después Él nos ayuda. Así, nos acompañara durante nuestra vida”.
Es, por lo tanto, como un doble camino, un camino de encuentro, nosotros que como dice Francisco: “Estoy en camino para encontrarlo a Él, en camino para encontrarme, y cuando nos encontremos veamos que la gran sorpresa es que Él me está buscando, antes de que yo comenzara a buscarlo”. Y el camino del Señor hacia nosotros: “Esta es la gran sorpresa del encuentro con el Señor. Él nos ha buscado antes. Él siempre es el primero. Él hace su camino para encontrarnos”… el Señor siempre va más allá, va Él primero. Nosotros damos un paso y Él da diez. Siempre. La abundancia de su gracia, de su amor, de su ternura que no se cansa de buscarnos. También a veces con pequeñas cosas”.
Un signo eficaz de conversión es celebrar el sacramento de la Penitencia que es siempre un canto a la gloria de Dios por su misericordia. Sé que en muchas parroquias se organizan celebraciones penitenciales con motivo del Adviento, una gran oportunidad para que los fieles nos acerquemos a perdón del Señor y nos pongamos, nuevamente, en el camino. Que sepamos prepararlas con seriedad, pero a su vez, que los sacerdotes sepamos estar disponibles para acoger, animar y perdonar.
Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona
 
 
 
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