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	<title>Campaña del Enfermo 2022 archivos - Diócesis de Tarazona</title>
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	<description>Web de la Diócesis de Tarazona</description>
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		<title>Tema 5. Escuchar y comprender</title>
		<link>https://diocesistarazona.org/blog/2022/04/21/tema-5/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[marta]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Apr 2022 08:03:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Campaña del Enfermo 2022]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Descarga AQUÍ completo el tema 5 ESCUCHAR Y COMPRENDER Texto bíblico Dios es amor: Sal 145,1.8-9.13-21 Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://diocesistarazona.org/blog/2022/04/21/tema-5/">Tema 5. Escuchar y comprender</a> se publicó primero en <a href="https://diocesistarazona.org">Diócesis de Tarazona</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone wp-image-5583" src="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/04/tema-5-1024x555.jpg" alt="" width="836" height="453" /></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><a href="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/04/tema-5.-escuchar-comprender.-temas-formacion-campana-enfermo-2022.pdf" target="_blank" rel="noopener">Descarga AQUÍ completo el tema 5 ESCUCHAR Y COMPRENDER</a></p>
<ol>
<li><strong>Texto bíblico</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios es amor: Sal 145,1.8-9.13-21</strong></p>
<p><em>Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;</em></p>
<p><em>bendeciré tu nombre por siempre jamás.</em></p>
<p><em>El Señor es clemente y misericordioso,</em></p>
<p><em>lento a la cólera y rico en piedad.</em></p>
<p><em>El Señor es bueno con todos,</em></p>
<p><em>es cariñoso con todas sus criaturas.</em></p>
<p><em>El Señor es fiel a sus palabras,</em></p>
<p><em>bondadoso en todas sus acciones.</em></p>
<p><em>El Señor sostiene a los que van a caer,</em></p>
<p><em>endereza a los que ya se doblan.</em></p>
<p><em>Los ojos de todos te están aguardando,</em></p>
<p><em>tú les das la comida a su tiempo;</em></p>
<p><em>abres tú la mano,</em></p>
<p><em>y sacias de favores a todo viviente.</em></p>
<p><em>El Señor es justo en todos sus caminos,</em></p>
<p><em>es bondadoso en todas sus acciones.</em></p>
<p><em>Cerca está el Señor de los que lo invocan,</em></p>
<p><em>de los que lo invocan sinceramente.</em></p>
<p><em>Satisface los deseos de los que lo temen,</em></p>
<p><em>escucha sus gritos, y los salva.</em></p>
<p><em>El Señor guarda a los que lo aman,</em></p>
<p><em>pero destruye a los malvados.</em></p>
<p><em>Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,</em></p>
<p><em>todo viviente bendiga su santo nombre</em></p>
<p><em>por siempre jamás</em>.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="2">
<li><strong> Reflexión pastoral</strong></li>
</ol>
<p><strong><em>Ternura</em></strong></p>
<p>El acompañamiento pastoral a nuestros hermanos, que están pasando por el sufrimiento, está marcado profundamente por el amor de Dios: nos acercamos al prójimo con un amor patente y eficaz porque acompañamos en el mismo Dios que es Amor.</p>
<p>Pero es necesario que este amor sea también sentido por aquél que recibe nuestros cuidados, por el que sufre, por el que, ante todo, necesita sentirse amado. No es suficiente saber que me están cuidando y acompañando ?porque me aman? sino que necesitamos sentirnos profundamente amados en lo más hondo de nuestro corazón, en nuestro sufrimiento.</p>
<p>La ternura es, precisamente, el amor hecho carne, el amor que se ha encarnado en dos personas unidas por los lazos del amor. Bien sabemos que Dios es Amor y que el Unigénito, el Amado, se encarnó por amor en las tiernas entrañas de María, su madre, quien acogió en su perfecta ternura maternal a aquel Hijo que daría su vida en la Cruz por amor a todos nosotros.</p>
<p>La ternura es, pues, la concreción del Dios Amor. Como dice el Papa Francisco: <em>«la ternura es un buen “existencial concreto”, para traducir en nuestros tiempos el afecto que el Señor nutre por nosotros»</em> (Papa Francisco, Discurso 14 de septiembre de 2018).</p>
<p><strong><em>Ternura y misericordia divina</em></strong></p>
<p>Hoy en día, estamos llamados a redescubrir el rostro de Dios como infinita ternura amante, a volver a sentir <em>«tu entrañable ternura y compasión hacia nosotros»</em> (Is 63,15).</p>
<p>La ternura manifiesta nuestra forma de recibir hoy la misericordia divina. <em>«La ternura nos revela, junto al rostro paterno, el rostro materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el de una madre por su propio hijo: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas, tus muros están siempre ante mí” </em>(Is 49,15-16).<em> Pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, estamos seguros de que Dios está cerca, compasivo, listo para conmoverse por nosotros. La ternura es una palabra beneficiosa, es el antídoto contra el miedo con respecto a Dios,</em> <em>porque “en el amor no hay temor” </em>(1 Jn 4,18)<em>, porque la confianza supera el miedo. Sentirse amado, por lo tanto, significa aprender a confiar en Dios, a decirle, como quiere: “Jesús, confío en ti”».</em> (Papa Francisco, Discurso).</p>
<p>Tenemos la misión de llevar, a la persona a la que acompañamos en el sufrimiento, a encontrarse con la entrañable ternura de Dios, con nuestro Dios que es infinitamente tierno con todos los hombres, pero especialmente con los más necesitados.</p>
<p>De este modo, estamos llamados a redescubrir esa ternura divina, pues no estamos habituados a contemplar a nuestro Dios en esa dimensión, ya que desde antiguo han prevalecido otros modos de acercarse al misterio divino.</p>
<p><strong><em>Ternura paternal de Dios</em></strong></p>
<p>La Biblia nos habla reiteradamente de un Dios que es Padre al modo humano, que abraza a sus hijos con afecto y cariño, que nos cuida como un padre a un niño pequeño: cogiéndonos en los brazos, llevándonos hasta sus mejillas. Es muy sugestiva la cita del profeta Oseas:</p>
<p><em>«Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba. Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer» </em>(Os 11,1.3-4).</p>
<p>Esta misericordiosa ternura se desborda especialmente con los que temen al Señor, con los que cumplen los mandatos del Señor:</p>
<p>«<em>Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que lo temen; porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro. Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo, que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla. Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre, para aquellos que lo temen; su justicia pasa de hijos a nietos: para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos</em>» (Sal 103,13-18).</p>
<p>La tierna delicadeza protectora del Señor se expresa magistralmente en el profeta Isaías:</p>
<p><em>«Porque yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo: “No temas, yo mismo te auxilio”. No temas, gusanito de Jacob, oruguita de Israel, yo mismo te auxilio ?oráculo del Señor?, tu libertador es el Santo de Israel» </em>(Is 41,13-14).</p>
<p><strong><em>Ternura maternal de Dios</em></strong></p>
<p>Pero nuestro Dios tiene también una dimensión maternal, tiene una impronta de ternura maternal para con sus hijos de tal modo que Él mismo nos acoge como una madre coge en sus brazos a un niño pequeño y se conmueve por él:</p>
<p><em>«¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas, tus muros están siempre ante mí»</em> (Is 49,15-16).</p>
<p><em>«Porque así dice el Señor: “Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados”»</em> (Is 66,12-13).</p>
<p><em>«Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre; como un niño saciado así está mi alma dentro de mí. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre»</em> (Sal 131,1-3).</p>
<p><strong><em>Ternura del Buen Pastor</em></strong></p>
<p>Jesús mismo revela el sentimiento que lo anima frente a todos los que sufren, es la com-pasión que se manifiesta mediante la ternura del Buen Pastor que busca a las ovejas perdidas, se acerca a los indefensos y se hace el encontradizo de los enfermos, de los discapacitados, de los que sufren. La suya es una ternura de com-pasión, participando profunda y existencialmente en lo que viven y sienten todos aquellos a los que muestra el amor misericordioso de Dios.</p>
<p><em>«Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”»</em> (Lc 15,3-6).</p>
<p>Esa ternura de Jesús le lleva a poner como modelo para entrar en el reino de los cielos a los más débiles de la sociedad en aquel entonces: a los niños.</p>
<p><em>«Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos» </em>(Mc 10,13-16).</p>
<p>Qué hermoso es el acompañamiento que lleva a encontrarse en el que sufre con un Dios, que es rico en cariño paternal y en amor de madre; con un Buen Pastor, que no duda en cargarnos sobre sus hombros cuando ya no podemos más; con Jesús, que nos pone como modelo celestial la inocencia de la tierna infancia ?a la que nos llama continuamente?, pues sólo de los que son como niños es el reino de los cielos.</p>
<p><strong><em>Acompañando en la ternura</em></strong></p>
<p>Al acompañar a los que sufren, según el modelo de Cristo, nosotros mismos nos hacemos icono de su tierno amor encarnado, saliendo de nosotros mismos, de nuestra comodidad y apetencias, para ir en busca del que necesita sentirse querido en su vida llena de problemas, dolores y enfermedades, del que necesita no sólo palabras, sino una mano amiga que lo coja y lo abrace.</p>
<p>La ternura se transmite con la mirada compasiva que ve la raíz del sufrimiento del prójimo, con la atenta escucha que oye el profundo lamento del corazón, con la palabra afectuosa que quiere consolar en el dolor, con la mano suave y firme de quien sostiene el cuerpo dolorido, de quien abraza con calor humano, de quien besa en la mejilla con el ósculo santo.</p>
<p>El acompañamiento en la ternura no es sentimentalismo sino amor en acción, amor que se hace carne en el sufrimiento, que mueve interiormente nuestro ser para estrechar las manos del necesitado, mirándole cariñosamente a los ojos, transmitiéndole con los gestos profundos de nuestro cuerpo cuánto me importa porque en él está Cristo enfermo que necesita un consolador, como un niño necesita que su madre lo consuele cogiéndolo en brazos.</p>
<p>Recordemos que <em>«hoy, más que nunca, hace falta una revolución de la ternura. Esto nos salvará»</em> (Papa Francisco, Discurso).</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="3">
<li><strong> Cuestiones para reflexionar</strong></li>
<li>¿Somos conscientes de que nuestro hermano que sufre necesita sentirse existencialmente amado por quienes lo cuidan y acompañan, experimentando la cercanía de un corazón entrañable como el de Cristo?</li>
<li>Cuando acompañamos al que sufre, ¿le cogemos tiernamente las manos, lo miramos con cariño a los ojos, le hablamos con palabras llenas de afecto y delicadeza, transmitiéndole nuestro interés y compasión?</li>
<li>En nuestro acompañamiento ¿somos imagen de la entrañable ternura de Dios?</li>
</ol>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="4">
<li><strong> Para orar</strong></li>
</ol>
<p><strong>Entrañable ternura</strong></p>
<p>Ayúdame, Señor,</p>
<p>a ser imagen de tu ternura,</p>
<p>con mis hermanos que sufren;</p>
<p>a verte en su mirada llorosa,</p>
<p>con los ojos profundos del alma;</p>
<p>a escucharte en sus lamentos,</p>
<p>con los oídos del corazón;</p>
<p>a estrechar tus manos temblorosas,</p>
<p>entre mis manos palpitantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayúdame, Señor,</p>
<p>a ser portador de tu tierno amor</p>
<p>a quien no se siente amado;</p>
<p>a llevar un afectuoso abrazo,</p>
<p>a quien no conoce el cariño;</p>
<p>a dar un fraterno beso,</p>
<p>a quien nunca recibe una caricia;</p>
<p>a pronunciar una palabra consoladora,</p>
<p>a quien no tiene nadie que lo conforte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ayúdame, Señor,</p>
<p>a vivir en tu entrañable ternura! Amén</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center">
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Tema 4. Entrañable ternura</title>
		<link>https://diocesistarazona.org/blog/2022/04/21/tema-4-entranable-ternura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[marta]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Apr 2022 08:00:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Campaña del Enfermo 2022]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; -Descarga AQUÍ el tema 4 completo. Entrañable ternura Texto bíblico Dios es amor: Sal 145,1.8-9.13-21 Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. El [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-5581 size-full" src="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/04/tema-4.jpg" alt="" width="410" height="204" /></p>
<p style="text-align: center"><strong> <a href="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/04/tema-4.-ternura-entranable.-temas-formacion-campana-enfermo-2022.pdf" target="_blank" rel="noopener">-Descarga AQUÍ el tema 4 completo. Entrañable ternura </a></strong></p>
<ol>
<li><strong> Texto bíblico</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios es amor: Sal 145,1.8-9.13-21</strong></p>
<p><em>Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;</em></p>
<p><em>bendeciré tu nombre por siempre jamás.</em></p>
<p><em>El Señor es clemente y misericordioso,</em></p>
<p><em>lento a la cólera y rico en piedad.</em></p>
<p><em>El Señor es bueno con todos,</em></p>
<p><em>es cariñoso con todas sus criaturas.</em></p>
<p><em>El Señor es fiel a sus palabras,</em></p>
<p><em>bondadoso en todas sus acciones.</em></p>
<p><em>El Señor sostiene a los que van a caer,</em></p>
<p><em>endereza a los que ya se doblan.</em></p>
<p><em>Los ojos de todos te están aguardando,</em></p>
<p><em>tú les das la comida a su tiempo;</em></p>
<p><em>abres tú la mano,</em></p>
<p><em>y sacias de favores a todo viviente.</em></p>
<p><em>El Señor es justo en todos sus caminos,</em></p>
<p><em>es bondadoso en todas sus acciones.</em></p>
<p><em>Cerca está el Señor de los que lo invocan,</em></p>
<p><em>de los que lo invocan sinceramente.</em></p>
<p><em>Satisface los deseos de los que lo temen,</em></p>
<p><em>escucha sus gritos, y los salva.</em></p>
<p><em>El Señor guarda a los que lo aman,</em></p>
<p><em>pero destruye a los malvados.</em></p>
<p><em>Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,</em></p>
<p><em>todo viviente bendiga su santo nombre</em></p>
<p><em>por siempre jamás</em>.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="2">
<li><strong> Reflexión pastoral</strong></li>
</ol>
<p><strong><em>Ternura</em></strong></p>
<p>El acompañamiento pastoral a nuestros hermanos, que están pasando por el sufrimiento, está marcado profundamente por el amor de Dios: nos acercamos al prójimo con un amor patente y eficaz porque acompañamos en el mismo Dios que es Amor.</p>
<p>Pero es necesario que este amor sea también sentido por aquél que recibe nuestros cuidados, por el que sufre, por el que, ante todo, necesita sentirse amado. No es suficiente saber que me están cuidando y acompañando ?porque me aman? sino que necesitamos sentirnos profundamente amados en lo más hondo de nuestro corazón, en nuestro sufrimiento.</p>
<p>La ternura es, precisamente, el amor hecho carne, el amor que se ha encarnado en dos personas unidas por los lazos del amor. Bien sabemos que Dios es Amor y que el Unigénito, el Amado, se encarnó por amor en las tiernas entrañas de María, su madre, quien acogió en su perfecta ternura maternal a aquel Hijo que daría su vida en la Cruz por amor a todos nosotros.</p>
<p>La ternura es, pues, la concreción del Dios Amor. Como dice el Papa Francisco: <em>«la ternura es un buen “existencial concreto”, para traducir en nuestros tiempos el afecto que el Señor nutre por nosotros»</em> (Papa Francisco, Discurso 14 de septiembre de 2018).</p>
<p><strong><em>Ternura y misericordia divina</em></strong></p>
<p>Hoy en día, estamos llamados a redescubrir el rostro de Dios como infinita ternura amante, a volver a sentir <em>«tu entrañable ternura y compasión hacia nosotros»</em> (Is 63,15).</p>
<p>La ternura manifiesta nuestra forma de recibir hoy la misericordia divina. <em>«La ternura nos revela, junto al rostro paterno, el rostro materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el de una madre por su propio hijo: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas, tus muros están siempre ante mí” </em>(Is 49,15-16).<em> Pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, estamos seguros de que Dios está cerca, compasivo, listo para conmoverse por nosotros. La ternura es una palabra beneficiosa, es el antídoto contra el miedo con respecto a Dios,</em> <em>porque “en el amor no hay temor” </em>(1 Jn 4,18)<em>, porque la confianza supera el miedo. Sentirse amado, por lo tanto, significa aprender a confiar en Dios, a decirle, como quiere: “Jesús, confío en ti”».</em> (Papa Francisco, Discurso).</p>
<p>Tenemos la misión de llevar, a la persona a la que acompañamos en el sufrimiento, a encontrarse con la entrañable ternura de Dios, con nuestro Dios que es infinitamente tierno con todos los hombres, pero especialmente con los más necesitados.</p>
<p>De este modo, estamos llamados a redescubrir esa ternura divina, pues no estamos habituados a contemplar a nuestro Dios en esa dimensión, ya que desde antiguo han prevalecido otros modos de acercarse al misterio divino.</p>
<p><strong><em>Ternura paternal de Dios</em></strong></p>
<p>La Biblia nos habla reiteradamente de un Dios que es Padre al modo humano, que abraza a sus hijos con afecto y cariño, que nos cuida como un padre a un niño pequeño: cogiéndonos en los brazos, llevándonos hasta sus mejillas. Es muy sugestiva la cita del profeta Oseas:</p>
<p><em>«Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba. Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer» </em>(Os 11,1.3-4).</p>
<p>Esta misericordiosa ternura se desborda especialmente con los que temen al Señor, con los que cumplen los mandatos del Señor:</p>
<p>«<em>Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que lo temen; porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro. Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo, que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla. Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre, para aquellos que lo temen; su justicia pasa de hijos a nietos: para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos</em>» (Sal 103,13-18).</p>
<p>La tierna delicadeza protectora del Señor se expresa magistralmente en el profeta Isaías:</p>
<p><em>«Porque yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo: “No temas, yo mismo te auxilio”. No temas, gusanito de Jacob, oruguita de Israel, yo mismo te auxilio ?oráculo del Señor?, tu libertador es el Santo de Israel» </em>(Is 41,13-14).</p>
<p><strong><em>Ternura maternal de Dios</em></strong></p>
<p>Pero nuestro Dios tiene también una dimensión maternal, tiene una impronta de ternura maternal para con sus hijos de tal modo que Él mismo nos acoge como una madre coge en sus brazos a un niño pequeño y se conmueve por él:</p>
<p><em>«¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas, tus muros están siempre ante mí»</em> (Is 49,15-16).</p>
<p><em>«Porque así dice el Señor: “Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados”»</em> (Is 66,12-13).</p>
<p><em>«Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre; como un niño saciado así está mi alma dentro de mí. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre»</em> (Sal 131,1-3).</p>
<p><strong><em>Ternura del Buen Pastor</em></strong></p>
<p>Jesús mismo revela el sentimiento que lo anima frente a todos los que sufren, es la com-pasión que se manifiesta mediante la ternura del Buen Pastor que busca a las ovejas perdidas, se acerca a los indefensos y se hace el encontradizo de los enfermos, de los discapacitados, de los que sufren. La suya es una ternura de com-pasión, participando profunda y existencialmente en lo que viven y sienten todos aquellos a los que muestra el amor misericordioso de Dios.</p>
<p><em>«Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”»</em> (Lc 15,3-6).</p>
<p>Esa ternura de Jesús le lleva a poner como modelo para entrar en el reino de los cielos a los más débiles de la sociedad en aquel entonces: a los niños.</p>
<p><em>«Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos» </em>(Mc 10,13-16).</p>
<p>Qué hermoso es el acompañamiento que lleva a encontrarse en el que sufre con un Dios, que es rico en cariño paternal y en amor de madre; con un Buen Pastor, que no duda en cargarnos sobre sus hombros cuando ya no podemos más; con Jesús, que nos pone como modelo celestial la inocencia de la tierna infancia ?a la que nos llama continuamente?, pues sólo de los que son como niños es el reino de los cielos.</p>
<p><strong><em>Acompañando en la ternura</em></strong></p>
<p>Al acompañar a los que sufren, según el modelo de Cristo, nosotros mismos nos hacemos icono de su tierno amor encarnado, saliendo de nosotros mismos, de nuestra comodidad y apetencias, para ir en busca del que necesita sentirse querido en su vida llena de problemas, dolores y enfermedades, del que necesita no sólo palabras, sino una mano amiga que lo coja y lo abrace.</p>
<p>La ternura se transmite con la mirada compasiva que ve la raíz del sufrimiento del prójimo, con la atenta escucha que oye el profundo lamento del corazón, con la palabra afectuosa que quiere consolar en el dolor, con la mano suave y firme de quien sostiene el cuerpo dolorido, de quien abraza con calor humano, de quien besa en la mejilla con el ósculo santo.</p>
<p>El acompañamiento en la ternura no es sentimentalismo sino amor en acción, amor que se hace carne en el sufrimiento, que mueve interiormente nuestro ser para estrechar las manos del necesitado, mirándole cariñosamente a los ojos, transmitiéndole con los gestos profundos de nuestro cuerpo cuánto me importa porque en él está Cristo enfermo que necesita un consolador, como un niño necesita que su madre lo consuele cogiéndolo en brazos.</p>
<p>Recordemos que <em>«hoy, más que nunca, hace falta una revolución de la ternura. Esto nos salvará»</em> (Papa Francisco, Discurso).</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="3">
<li><strong> Cuestiones para reflexionar</strong></li>
<li>¿Somos conscientes de que nuestro hermano que sufre necesita sentirse existencialmente amado por quienes lo cuidan y acompañan, experimentando la cercanía de un corazón entrañable como el de Cristo?</li>
<li>Cuando acompañamos al que sufre, ¿le cogemos tiernamente las manos, lo miramos con cariño a los ojos, le hablamos con palabras llenas de afecto y delicadeza, transmitiéndole nuestro interés y compasión?</li>
<li>En nuestro acompañamiento ¿somos imagen de la entrañable ternura de Dios?</li>
</ol>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="4">
<li><strong> Para orar</strong></li>
</ol>
<p><strong>Entrañable ternura</strong></p>
<p>Ayúdame, Señor,</p>
<p>a ser imagen de tu ternura,</p>
<p>con mis hermanos que sufren;</p>
<p>a verte en su mirada llorosa,</p>
<p>con los ojos profundos del alma;</p>
<p>a escucharte en sus lamentos,</p>
<p>con los oídos del corazón;</p>
<p>a estrechar tus manos temblorosas,</p>
<p>entre mis manos palpitantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayúdame, Señor,</p>
<p>a ser portador de tu tierno amor</p>
<p>a quien no se siente amado;</p>
<p>a llevar un afectuoso abrazo,</p>
<p>a quien no conoce el cariño;</p>
<p>a dar un fraterno beso,</p>
<p>a quien nunca recibe una caricia;</p>
<p>a pronunciar una palabra consoladora,</p>
<p>a quien no tiene nadie que lo conforte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ayúdame, Señor,</p>
<p>a vivir en tu entrañable ternura! Amén</p>
<p><strong> </strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center">
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			</item>
		<item>
		<title>Tema 3. Con amor y por amor</title>
		<link>https://diocesistarazona.org/blog/2022/04/21/tema-3-con-amor-y-por-amor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[marta]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Apr 2022 07:53:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Campaña del Enfermo 2022]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-5576 aligncenter" src="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/02/tema-1.jpg" alt="" width="520" height="276" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><a href="https://diocesistarazona.org/wp-content/uploads/sites/4/2022/04/tema-3.-con-amor-y-por-amor.-temas-formacion-campana-enfermo-2022doc.pdf" target="_blank" rel="noopener">Descarga AQUÍ el tema 3. Con amor y por amor </a></p>
<p><strong>1. Texto bíblico</strong></p>
<p><strong>Dios es amor: 1Jn 3,14.16-18;4,7-11.16-21</strong></p>
<p><em>Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. </em></p>
<p><em>Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.</em></p>
<p><em>Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.</em></p>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="2">
<li><strong> Reflexión pastoral</strong></li>
</ol>
<p><strong><em>Enfermedad y sufrimiento</em></strong></p>
<p>El sufrimiento forma parte de la propia condición humana y nos acompaña durante toda nuestra vida. Son muchas las causas que lo producen, pero es especialmente relevante el que rodea a la enfermedad y la muerte, la nuestra y la de nuestros seres queridos. Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: <em>«La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios» </em>(CEC 1500-1501).</p>
<p>El acompañamiento a la persona que sufre requiere de una motivación profunda que nos haga salir de nosotros mismos para ir en busca del que está sumido en el sufrimiento. Las altas motivaciones e imperativos humanos de altruismo, solidaridad y generosidad son muy nobles y dignos de encomio ?reflejo de la bondad divina en el corazón de todo hombre de buena voluntad?, pero, por sí mismos, no pueden llegar al fondo del problema del sufrimiento, pues son incapaces de dar sentido al misterio de la enfermedad, de la injusticia y de la muerte.</p>
<p>Jesús se va a enfrentar al problema de la enfermedad reiteradamente. En su recorrer los caminos de Israel, se encontrará en numerosas ocasiones con toda clase de enfermos, de personas que sufren, que están a las puertas de la muerte. De gente que no entiende el porqué de su dolencia, que son infelices, necesitados y dependientes de los demás.</p>
<p>Jesús no permanece impasible ante la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Dará un sentido al sinsentido de la vida. Jesús mostrará que la enfermedad, y el enfermo en ella, está en las manos de Dios, de un Dios que cuida a los hombres y que trae un mensaje de salvación en la enfermedad.</p>
<p><strong><em>Dios es Amor</em></strong></p>
<p>Jesús nos ha revelado, con sus palabras y obras, porqué Dios es infinitamente <em>«misericordioso y compasivo»</em> (Sal 103,8), qué es lo que le mueve a salir de sí mismo para venir al encuentro del hombre. Y ese movimiento no es sino la esencia de su propio ser: <em>«Dios es Amor»</em> (1Jn 4,8.16). El ser mismo de Dios es Amor. Y el Padre nos ha revelado su secreto más íntimo al enviarnos a nosotros, en la plenitud de los tiempos, a su Hijo Único, <em>«el Amado»</em>; y al Espíritu de Amor, el Espíritu Santo. Dios mismo es una eterna comunicación de amor en la Unidad de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y en su mismo ser, nos ha destinado a participar en él. Y así su amor llega a todos los hombres: <em>«porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna»</em> (Jn 3,16).</p>
<p>Dado que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, aún más: somos hijos de Dios por adopción, el ser del hombre también es ser amor, aunque imperfecto. Por eso, estamos llamados a perfeccionarnos cada día en el servicio de amor a Dios y al prójimo. Y, en ese anhelo de perfección, acompañamos a tantos hermanos que sufren siguiendo los pasos de Jesús, <em>«porque nos apremia el amor de Cristo»</em> (2 Cor 5,14).</p>
<p><strong><em>Acompañando en el amor</em></strong></p>
<p>Así pues, el acompañamiento, según el modelo que nos enseña el mismo Cristo, tiene como principio y fundamento el amor. Ese amor que nosotros recibimos de Dios y que a Él le devolvemos en el amor a Dios y a Dios en el prójimo. Recordemos lo que Jesús nos enseñó en la Última Cena: <em>«antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» </em>(Jn 13,1).</p>
<p>Jesús nos muestra, así, que el amor es servicio humilde: <em>«si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.</em> <em>Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.</em> <em>Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros»</em> (Jn 13,14-17.34).</p>
<p>Acompañar a quien pasa por el valle del sufrimiento: cuando se prolonga mucho en el tiempo, cuando no hay perspectivas humanas de mejora sino de empeoramiento, cuando nuestros enfermos se van agravando y sin perspectivas de curación, cuando vemos a nuestros seres queridos que cada vez son más dependientes y se agrava su demencia, cuando se está ante el misterio de la muerte… llega a ser una labor heroica que sólo en la fuerza del amor divino puede ser realizada.</p>
<p><strong><em>Amor al prójimo</em></strong></p>
<p><em>«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.</em> <em>Esto os mando: que os améis unos a otros»</em> (Jn 15,12-14.17).</p>
<p>Todos conocemos a personas que están dando su vida cuidando a sus familiares dependientes durante muchos años; acompañando a enfermos graves, incurables o mentales; visitando asiduamente y con gran paciencia, esfuerzo y dedicación a tantos enfermos, ancianos y dependientes que viven en sus casas, en los hospitales, en las residencias de personas mayores o de discapacitados. Son un encomiable y digno ejemplo para cuantos los contemplan.</p>
<p>Este generoso y santo servicio únicamente se puede realizar por la gracia misericordiosa de Dios que ilumina, sostiene, consuela y conforta a tantos cuidadores y acompañantes que participan y comparten el sufrimiento de aquellos a quienes cuidan con gran afecto y ternura. Algunas veces, los cuidadores se sienten ciertamente asistidos por el fuego del amor divino; otras, no son conscientes de la acción del Espíritu Santo Consolador en ellos; pero el amor de Dios es siempre eficaz.</p>
<p>También, cada uno de nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, estamos llamados a dar nuestra vida por amor a Cristo. Son múltiples las oportunidades que se nos ofrecen para acompañar a cuantos sufren –que son una multitud inmensa. Pero es necesario que abramos los ojos y que veamos como Cristo nos ve, para poder vislumbrar el sufrimiento de tantos hermanos nuestros que muchas veces permanece oculto, ante una mirada cerrada al amor.</p>
<p>Pidamos al Señor que nos haga dóciles a sus indicaciones y que nos revista con su gracia para que seamos fuertes en nuestra humana debilidad y podamos acompañar ?con ese mismo amor con que Dios nos ama? a nuestros hermanos que sufren. Dios mismo nos envía en su nombre, para que seamos portadores de ese Amor, que es Dios mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="3">
<li><strong> Cuestiones para reflexionar</strong></li>
<li>¿Somos conscientes de que la perfección del acompañamiento a nuestro hermano que sufre, sólo se puede realizar en la fuerza del amor de Dios o creemos que son suficientes nuestras buenas fuerzas y cualidades humanas?</li>
<li>Cuando acompañamos al enfermo, al anciano, al dependiente, ¿nos sentimos movidos en nuestro interior por la gracia del Espíritu Santo que nos sostiene cuando nosotros mismos sufrimos al compartir los sufrimientos del prójimo?</li>
<li>¿Le pedimos a nuestro Dios que llene nuestro corazón con el ardor del fuego de su amor, para que en Él podamos dar nuestra vida por los que sufren?</li>
</ol>
<p><strong> </strong></p>
<ol start="4">
<li><strong> Para orar</strong></li>
</ol>
<p><strong>¡El Amor más grande!</strong></p>
<p>Nos dijiste, Señor,</p>
<p>que nadie tiene amor más grande</p>
<p>que el que da la vida por sus amigos,</p>
<p>y Tú diste tu vida por nosotros,</p>
<p>¡quisiste sufrir y morir por amor!</p>
<p>Yo quiero ser tu amigo,</p>
<p>quiero hacer lo que Tú me mandas,</p>
<p>quiero dar mi vida por tus amigos,</p>
<p>por mis hermanos, por los que sufren,</p>
<p>¡quiero aliviar sus sufrimientos por amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayúdame, Señor,</p>
<p>a amarte en cada enfermo que sufre,</p>
<p>en cada anciano que se ha vuelto niño,</p>
<p>en cada hombre que vive en soledad,</p>
<p>¡quiero participar en tu sufrimiento por amor!</p>
<p>Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Tema 1: Acompañando en el camino</title>
		<link>https://diocesistarazona.org/blog/2022/01/28/tema_1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jfuertes]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jan 2022 12:15:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Campaña del Enfermo 2022]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe loading="lazy" src="https://app.box.com/embed/s/wnkxjg5kdfsgxyuxbe3kren4sdiaswge?sortColumn=date&amp;view=list" width="500" height="400" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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