En Cartas del Obispo, Cartas dominicales

Queridos hermanos y amigos:

Escuchamos en este domingo un texto de san Lucas (10,1-12.17-20) en el que vemos a Jesús enviando a sus discípulos a evangelizar. Jesús les advierte de la dificultad que esto va a tener: “Mirad que os envío como corderos en medio de lobos”.

También hoy nosotros debemos sentir este envío que el Señor hace, como algo dirigido a nosotros. Ciertamente que, como dice Jesús en el Evangelio, vamos a tener dificultades e incluso nos sentimos muchas veces incapaces.

Sin embargo, después que los enviados han cumplido su misión, vuelven contentos porque han visto que el Señor los ha acompañado y, a través de ellos, ha hecho grandes obras; mayores, incluso, de lo que ellos esperaban.

La evangelización es, por supuesto, el anuncio, la predicación de lo que Jesús ha dicho en su Evangelio; pero es también el testimonio de la propia vida. Debemos recordar la frase de san Pablo VI en un pasaje de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (41), donde dice: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos». Sí, estamos en un momento de la historia en que es necesario el testimonio de la propia vida.

Puede ser iluminador a este respecto, la respuesta del papa Francisco a un joven en el encuentro con jóvenes de Cracovia. El joven le preguntó al Papa qué podía decir a aquellos que no creían, Francisco le respondió: “¡Qué buena pregunta! Todos conocemos a personas que se alejaron de la Iglesia: ¿Qué les tenemos que decir? Yo le respondí: ¡Escucha, la última cosa que tienes que hacer es decirle algo! Empieza a hacer y él verá lo que haces y te preguntará. Y cuando te pregunte tú dile… Evangelizar es dar testimonio: Yo vivo así, porque creo en Jesucristo. Despierto en ti la curiosidad de una pregunta… ¿Por qué haces eso? Porque creo en Jesucristo y anuncio a Jesucristo, no sólo con la Palabra –se debe anunciar con la Palabra– sino también con mi vida”.

Cuando vivimos como cristianos proyectamos hacia el exterior aquello que llevamos en nuestro interior, eso es el testimonio y es, a la vez, evangelización. El interior del cristiano crece y se fortalece cuando buscamos a Jesús y le abrimos el corazón.

Aunque nuestra diócesis y nuestras comunidades son pequeñas y muchas veces envejecidas, no debemos caer en la tentación de sentirnos desanimados. Lo primero que nos tiene que interesar es crecer en nuestro interior, en el encuentro con Jesús, en unir nuestra vida a Él.

Para que se dé este crecimiento interior que nos impulsé a dar testimonio, tenemos muchas oportunidades que la Iglesia no se cansa de ofrecernos. No son necesarios grandes montajes o proyectos, también en las cosas más sencillas y simples podemos crecer en nuestro interior. Para ello es necesaria la formación, la participación en las celebraciones de nuestra comunidad, la oración, el vivir la fraternidad y el servicio.

Con estos pequeños pasos vamos convirtiendo “al Espíritu Santo en el “protagonista” del anuncio, que no representa una simple “predicación” o la “transmisión” de algunas ideas, sino es un movimiento dinámico capaz de “cambiar los corazones” gracias a la obra del Espíritu”, como dijo el Papa en una de sus homilías (11, junio, 2018).

Anímenos unos a otros para crecer en el interior y de esta manera ser testigos, y siéndolo evangelizar y cumplir lo que hoy Jesús nos dice en el Evangelio: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

Con todo afecto os saludo y bendigo.

Eusebio Hernández Sola, O.A.R.
Obispo de Tarazona

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