En Cartas del Obispo

Queridos hermanos y amigos:

Celebramos hoy la Jornada Mundial de las Misiones, lo que todos conocemos como Domund con el lema que titula esta carta: “Bautizados y enviados”. Como sabéis estamos en el Mes Misionero Extraordinario que, este año 2019, el papa Francisco nos invita a celebrar en toda la Iglesia. Continúo hoy, con este tema, esperando que nos ayude a recuperar en todos nosotros el sentido misionero de la vida de todo cristiano.

Ya el pasado 1 de octubre, el Santo Padre comenzaba este Mes con la celebración de las Vísperas en la Basílica de S. Pedro. Es un dato que nos ayuda y nos recuerda que la misión es imposible sin la oración de todos los cristianos. No podemos olvidar que una santa monja contemplativa, santa Teresa del Niño Jesús, junto a un gran misionero, S. Francisco Javier, son los patronos de las misiones.

Santa Teresa del Niño Jesús, cuya fiesta celebrábamos el día 1 de este mes, fue declarada por el Papa Pío XI, en 1927, patrona de todas las Misiones católicas del mundo. Una mujer joven que murió en su monasterio de carmelitas descalzas con tan solo 24 años, y que, salvo un viaje que hizo en su adolescencia a Roma, no salió de su país ni de su convento, jovencita débil de salud, siempre amable y siempre alegre, que ofreció su vida en holocausto de amor a Dios, por la santificación de los sacerdotes y la conversión de los que aún no aman a Cristo como hay que amarlo. Teresita, como muchos la conocen, decía: “Quisiera ser misionera ahora y siempre y en todas las misiones”.

Una de sus frases famosas es esta: «Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor”. También nosotros podemos hacer nuestra esta frase de la santa; somos débiles y pequeños, pero es esa pequeñez la que puede mover montañas.

La Iglesia siempre ha hablado de la importancia de la oración en favor de las misiones y de los misioneros. En este Mes Extraordinario Misionero debemos recuperar en todos nosotros lo que es la oración por las misiones; sentirnos unidos espiritualmente con todos los que están proclamando el Evangelio, muchas veces con tantas dificultades, peligros y, sobre todo, dando sus propias vidas. La oración debe ser el vínculo primordial de la vida del cristiano, la oración, es el motor que pone en movimiento toda la acción misionera de la Iglesia. Con nuestra oración, podemos ayudar a nuestro hermanos y hermanas que están en dificultades, en soledad, sufriendo enfermedades, incomprensiones, y hasta frustraciones.

Una bella iniciativa pastoral de las Obras Misioneras Pontificias es la de la oración de los enfermos unida a la de Cristo crucificado, como una acción misionera que se vive desde la enfermedad o la ancianidad. Cuánto bien hace esta oración secreta y ofrecida con amor de los “enfermos misioneros”.

El papa Francisco en su Mensaje para este mes, llama a la oración, “el alma de la misión”. Recuperemos pues en nuestras comunidades y parroquias, así como en nuestra vida personal, la oración en favor de las misiones y misioneros, que será una de las más bellas experiencias de comunión con los misioneros y con todos los pueblos de la tierra. Nos sirva el ejemplo de María, a quien invocamos como Reina de las Misiones, que junto con los Apóstoles ora sin cesar como lo hizo en el Cenáculo de la Iglesia naciente.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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