En Cartas dominicales

Queridos hermanos y amigos:

Una figura central del tiempo de Adviento es la de la Virgen María. S. Pablo VI definió este tiempo como mariano por excelencia: “Este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre de Señor” (Marialis Cultus, 3-4)

El núcleo central de este sentido mariano del Adviento son estos días que vivimos desde el pasado día 17 de diciembre hasta la solemnidad de la Navidad; y de un modo especial este domingo que hoy celebramos.

Este año además hemos también celebrado en el segundo domingo de Adviento la solemnidad de la Inmaculada, con lo que este sentido mariano se ha visto duplicado, e incluso dentro de los días de Navidad, el primer día del año, volveremos a celebrar otra fiesta mariana, su Maternidad divina.

Ponemos nuestros ojos, por lo tanto, en nuestra Madre María. En estos días de Adviento nos acercamos con ella a Nazaret. S. Pablo VI lo explicaba de esta manera: “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento del Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios” (Alocución en Nazaret, 5 de enero de 1964).

En esta “escuela” de Nazaret, la gran maestra es María. Como señalaba S. Juan Pablo II y también el papa emérito Benedicto: “En la escuela de María podremos aprender mejor a Cristo” (Carta con motivo de la peregrinación nacional al Pilar, 19 mayo de 2005). María nos da solamente dos grandes lecciones que son suficientes para llenar toda una vida. La primera es su “sí” al Padre, su “hágase en mí”, su “fiat. Toda la vida puesta en las manos del Padre, toda su confianza en la Voluntad divina. La segunda nos la da en Caná, cuando dice a los discípulos de su Hijos: “Haced lo que Él os diga” (Juan 2, 5). En esta escuela de María, queremos entrar en este tiempo de Adviento y Navidad y, a la vez, tenerla como madre nuestra.

Un mariólogo actual (Antonio Orozco) señalando este aspecto de la maternidad de María sobre nosotros nos dice: “A María por decirlo así, le pasa como a Dios, que -según la célebre frase de André Frossard- ¡sólo sabe contar hasta uno! Tiene una muchedumbre inmensa de hijos, pero la maternidad determina siempre una relación única e irrepetible, entre dos personas y aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno de ellos es única”. En esta confianza de ser hijos “únicos” para María, nos ayuda a pedirle que sea la “maestra” de nuestras vidas.

Quiero concluir esta carta deseándoos a todos una feliz Navidad, el próximo miércoles, si Dios quiere, celebraremos esta gran solemnidad. Tengo presente en mis oraciones a todos los que el Señor me ha querido confiar en esta diócesis de Tarazona. Especialmente recuerdo a todos los que pasáis por un momento difícil en vuestras vidas. A todos os saludo con afecto y mi bendición. FELIZ NAVIDAD Y GOZOSO AÑO NUEVO, 2020.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Teclea lo que quieres buscar y pulsa Enter