En Cartas dominicales

Queridos hermanos y amigos:

En este tercer domingo del tiempo ordinario, el papa Francisco ha instituido el “domingo de la Palabra de Dios”. Lo ha hecho a través de la Carta Apostólica en forma de motu proprio, titulada “Aperuit illis”. El fin de esta iniciativa es dedicar un domingo a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura.

Según indica el mismo Papa es una iniciativa que nació: “Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo (Carta ap. Misericordia et misera, 7)”.

El papa Francisco expresa en esta Carta Apostólica su deseo de “dedicar concretamente un domingo del año litúrgico a la Palabra de Dios”; nos dice que ello “nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable”.

La Sagrada Escritura nos permiten conocer a Jesús; el mismo Papa toma una frase muy conocida de san Jerónimo: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo”. Y, para poderla comprender es necesario que el mismo Cristo nos abra el entendimiento; de esta forma dice Francisco al inicio de esta Carta Apostólica:

“Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras (Lc 24,45). Es uno de los últimos gestos realizados por el Señor resucitado, antes de su Ascensión. Se les aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. A aquellos hombres asustados y decepcionados les revela el sentido del misterio pascual: Que, según el plan eterno del Padre, Jesús tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos para conceder la conversión y el perdón de los pecados (cf. Lc 24,26.46-47); y promete el Espíritu Santo que les dará la fuerza para ser testigos de este misterio de salvación (cf. Lc 24,49)”.

De un modo especial se dirige el Santo Padre a los que tenemos la misión de predicar la Palabra de Dios, obispos, sacerdotes y diáconos, a través de la homilía. Nos insiste en que las homilías deben “ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha”.

Nos da incluso, unos sabios consejos para los que tenemos que dedicarnos a este ministerio de la predicación: “A los predicadores se nos pide, más bien, el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños. Cuando uno se detiene a meditar y rezar sobre el texto sagrado, entonces se puede hablar con el corazón para alcanzar los corazones de las personas que escuchan, expresando lo esencial con vistas a que se comprenda y de? fruto. Que nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura, para que sea acogida no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios”.

Espero que este domingo a todos nos ayude a descubrir el gran tesoro de la Palabra de Dios y que, como nos dice el Papa: “Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”; y, a la vez, veamos que la Palabra de Dios: “Esta? muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas”.

INFANCIA MISIONERA. No quiero hoy olvidar que celebramos la Jornada de la Infancia Misionera, el próximo año la Conferencia Episcopal Española decidirá trasladarla a otro día para no coincidir con el domingo de la Palabra de Dios. Animo a todos a colaborar con esta iniciativa misionera y agradezco a todos los animadores misioneros, catequistas, profesores de religión y, sobre todo, a los niños y niñas de parroquias y colegios la labor misionera que durante esta Jornada realizáis.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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