En Cartas dominicales

Queridos hermanos y amigos:

Las lecturas que hoy escuchamos en la Misa nos presentan la sabiduría de quien sabe seguir ley de Dios.  En la primera lectura (Eclesiástico 15,16-21) se nos dice: “Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad”. En el Evangelio (Mateo 5,17-37) Jesús dice a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”. Y, a su vez, en la segunda lectura (1 Corintios 2,6-10), san Pablo nos habla de la “sabiduría” que supone la vida cristiana: “Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria”.

El papa Francisco en su viaje apostólico a Myanmar (Birmania) explicaba en qué consiste la sabiduría: “El intérprete definitivo de los misterios de Dios es Jesús –dijo el Papa-. Él es la sabiduría de Dios en persona (cf.1 Co 1,24). Jesús no nos enseñó su sabiduría con largos discursos o grandes demostraciones de poder político o terreno, sino entregando su vida en la cruz. A veces podemos caer en la trampa de confiar en nuestra propia sabiduría, pero la verdad es que podemos fácilmente desorientarnos. En esos momentos, debemos recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura: El Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios.”

También en sus catequesis de los miércoles sobre los dones del Espíritu Santo que realizó en abril de 2014, nos explicaba qué suponía este don que Dios mismo regala a la humanidad: “El primer don del Espíritu Santo es la sabiduría”.

A su vez, nos explicaba qué es esta sabiduría: “Pero no se trata sencillamente de la sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia”. Tomando un texto bíblico del Antiguo Testamento nos explicaba la sabiduría como don del Espíritu Santo: “En la Biblia se cuenta que, a Salomón, en el momento de su coronación como rey de Israel, había pedido el don de la sabiduría (cf. 1 Re 3, 9). Y la sabiduría es precisamente esto: es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente esto: es ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Esta es la sabiduría. Algunas veces vemos las cosas según nuestro gusto o según la situación de nuestro corazón, con amor o con odio, con envidia… No, esto no es el ojo de Dios. La sabiduría es lo que obra el Espíritu Santo en nosotros a fin de que veamos todas las cosas con los ojos de Dios. Este es el don de la sabiduría”.

Pero, nos podemos preguntar, ¿cómo podemos obtener esta sabiduría?; y el Papa nos daba una clave fundamental que es el encuentro en nuestro interior con Dios: “Y obviamente esto deriva de la intimidad con Dios, de la relación íntima que nosotros tenemos con Dios, de la relación de hijos con el Padre. Y el Espíritu Santo, cuando tenemos esta relación, nos da el don de la sabiduría. Cuando estamos en comunión con el Señor, el Espíritu Santo es como si transfigurara nuestro corazón y le hiciera percibir todo su calor y su predilección”.

De esta forma, podemos decir con el papa Francisco: “El Espíritu Santo, entonces, hace «sabio» al cristiano”. Es decir, es el que nos enseña que la ley del Señor, no pasa, y que seguir sus caminos y su palabra es una sabiduría escondida que hemos descubierto como un gran tesoro”.

Debemos, como nos dice el Papa: “Pedir al Señor que nos dé el Espíritu Santo y que nos dé el don de la sabiduría, de esa sabiduría de Dios que nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Y así, con esta sabiduría, sigamos adelante, construyamos la familia, construyamos la Iglesia, y todos nos santifiquemos”.

Pidamos hoy la gracia de la sabiduría. Y pidámosla a la Virgen, que es la Sede de la sabiduría, de este don: que Ella nos alcance esta gracia.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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