En Cartas del Obispo, Cartas dominicales

Queridos hermanos y amigos:

El pasado miércoles comenzamos nuestra peregrinación anual hacia la Pascua, hoy en este primer domingo de Cuaresma quiero comenzar a reflexionar con vosotros sobre el mensaje de esta Cuaresma del año 2020 que el papa Francisco nos dirige como cada año, el próximo domingo seguiremos leyendo juntos su mensaje.

Para nuestro itinerario cuaresmal, el Papa nos propone un mensaje con el título: “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co 5,20). En la breve introducción de su mensaje, el Papa nos presenta el sentido más genuino de este tiempo de Cuaresma: “El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso”.

La Cuaresma no es un fin en sí misma, es como señala el Papa, “un tiempo propicio para prepararnos… a la celebración del Misterio de la muerte y resurrección de Jesús”, misterio pascual que es el centro de nuestra fe y debe ser el centro de nuestra predicación. Un misterio que, a su vez, es siempre nuevo y que siempre nos renueva, es decir, la muerte y la resurrección del Señor se debe actualizar cada día en nosotros.

Esta es la gran oportunidad que nos ofrece la Cuaresma, es decir, descubrir este gran Misterio y dejarnos transformar por él, como dice el Papa, “con la mente y con el corazón”. Para que esto sea una realidad en cada uno de nosotros, el Papa nos propone una serie de actitudes que debemos cultivar en este tiempo.

En primer lugar, la conversión. Muchas veces cuando oímos esta palabra, nos puede sonar a algo negativo, sin embargo, es siempre algo positivo, porque es la oportunidad que Dios siempre nos da de poder cambiar. La conversión es, como señala Francisco: “La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117)”.

Alegría que nace de la aceptación del amor de Dios en nuestras vidas, por eso el Papa repite lo que ya señalaba en su exhortación Christus vivit: “Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123)”.

Diálogo con Dios. Dios es el que nos ofrece este tiempo y, por lo tanto, lo debemos aprovechar y no dejar pasar en vano; para ello, nada mejor, que la oración, porque, como señala el papa Francisco: “La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene”. Oración que debe penetrar “dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad”, como leemos en el mensaje.

Os deseo una fructífera Cuaresma y con todo afecto os bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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