En Cartas Obispo Emérito

La Cuaresma es un camino hacia la luz de la Pascua. Este segundo domingo subraya este aspecto importante de lo que significa la luz que es el mismo Cristo. El evangelio de la Transfiguración del Señor (Lucas 9,28b-36) que hoy proclamamos en la celebración de la Misa nos anuncia la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

La Cuaresma es un camino que nos ayuda a transfigurarnos, y el texto del evangelio nos da las pistas para que se realice en nosotros.

“Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos”. Mientras habla con el Padre todo su ser despide luz y transparencia.

En este momento se expresa toda lo que significa la divinización de la naturaleza humana mediante la gracia, nosotros, revistiéndonos de Cristo, somos iluminados por el esplendor de la gloria de Dios. Por ello, unidos a Jesús, como señala el oficio de lecturas del día de la Transfiguración, “brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen”.

En este tiempo de Cuaresma, con nuestra oración, debemos ir despojándonos de las vestiduras del hombre viejo para revestirnos de la nueva vestidura del hombre salvado por Cristo.

Como decía el papa Francisco hablando sobre la Transfiguración: “Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio – de subir a la montaña – para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. Esto lo hacemos en la oración”.

Un segundo aspecto es la escucha de la palabra de Dios. Al final del evangelio de hoy, se nos dice: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Necesitamos abrir el corazón para que la palabra de Dios entre en nuestras vidas. En sus palabras el Papa decía: “Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, es necesario estar cerca de Él, seguirlo”.

Escucha de la palabra de Dios que se nos brinda más abundantemente estos días en las celebraciones y en otros momentos de piedad o de formación. Escucha que podemos hacer también con una breve lectura cada día personalmente.

Ojalá, cada parroquia, comunidad o grupo, sepan incentivar en esta Cuaresma la oración y la escucha de la palabra de Dios. Además de los domingos, sería bueno que otro día nos pudiéramos reunir con sencillez para orar y escuchar.

Finalmente, Jesús y sus apóstoles bajan de la montaña tras esta experiencia de luz. Nosotros, después de orar y escuchar también debemos bajar y estar en el mundo. Subrayaba el Papa en sus palabras: “El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a ‘bajar de la montaña’ y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, enfermedades, injusticias, ignorancia, pobreza material y espiritual”.

La oración y la escucha nos llenaran de luz para darla en el servicio y en el consuelo.

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